lunes, 16 de mayo de 2016

La mujer y Lars Von Trier




Injustamente tachado de misógino, el polémico Lars Von Trier es uno de los directores actuales que más ha ahondado en la compleja psique femenina. Hoy os ofrecemos un acercamiento a su filmografía, organizada en trilogías, desde el punto de vista de la mujer.


TRILOGÍA DEL CORAZÓN DE ORO
(Compuesta por Rompiendo las Olas, 1996; Los Idiotas, 1998; Bailar en la Oscuridad, 2000)

Rompiendo las Olas es la primera película del director danés en la que la dirección de actores cobra especialmente importancia. Su protagonista, Bess, una mujer profundamente religiosa, se debate entre lo que debe hacer y lo que la sociedad opina de ella. Pero su elección la lleva por un via crucis personal que se materializa en el martirio y la exclusión social. Las olas es un término utilizado por la literatura feminista para expresar la lucha en contra de los dogmas sociales (las mareas, el mar): romperlas es un acto de rebelión y valentía que no suele atisbar nada bueno en su simbología, pues se lucha en contra de unas estrictas leyes establecidas. La protagonista de Los Idiotas, Karen, afronta el mismo problema. Ha vivido toda su vida según las convenciones sociales de su época. Pero es al descubrir a un grupo de amigos que viven en una comuna anarquista desafiando constantemente a la sociedad cuando vive su particular despertar.

Los Idiotas nos deja un sabor amargo acerca del poder de los soñadores en una sociedad cuadriculada. Pero Lars Von Trier rompe esta cuadrícula con Bailar en la Oscuridad, su musical galardonado con la Palma de Oro en el festival de cine de Cannes en el año 2000. En esta, Björk interpreta a Selma, una madre inmigrante que lucha contrarreloj para salvar a su hijo de una ceguera inminente mientras que ella misma va perdiendo la vista. Su condición de mujer, madre soltera e inmigrante en un mundo patriarcal y corrupto (véase el personaje del policía), la convierten en una víctima fácil y precisamente el realizador danés se empeña en hacernos ver de las dificultades que una persona en desventaja puede sufrir en la vida. Consciente de que vive en un mundo hostil, para evadirse, Selma sueña que está en un musical porque, según ella “en un musical nunca ocurre nada terrible”. Y menos, pensamos, si eres la protagonista.


El título que el realizador danés asignó  a esta trilogía hace referencia al carácter noble y estoico de sus heroínas y está inspirado en un cuento de su infancia en el que una niñita muy buena daba tanto de sí misma a los demás que acababa por gastarse. Las protagonistas de las tres películas poseen un matiz bondadoso, inocente e ingenuo propio de los cuentos de hadas y que se encuentra en las tres películas en sonoro contraste con el mundo real en el que viven. Y es siempre este desnivel entre dichos mundos y, en el caso de Selma, el darwinismo social, lo que desencadena la tragedia.


TRILOGÍA DE ESTADOS UNIDOS, TIERRA DE OPORTUNIDADES
(Compuesta por Dogville, 2003; Manderlay, 2005; Washington, aún sin producir)

América como una tierra de oportunidades, como reza el subtítulo de la trilogía y, en general, el dicho popular, es una idea anclada en una mitología nacional profundamente arraigada en la mente colectiva de un país fundado sobre culturas y religiones machistas y patriarcales, basadas en la desigualdad.

Esta parte de la obra de Lars Von Trier presenta la verdadera naturaleza hipócrita del mito y de su sociedad a través de los ojos de una mujer: Grace. Los Estados Unidos de América se fundaron bajo las bases del capitalismo, un sistema en el que, aparentemente, cualquier persona empezando de cero podía hacerse un lugar en el país. Pero Lars retrata un lugar donde los más desfavorecidos son excluidos del sistema: los esclavos, los inmigrantes… y la mujer. Así denuncia el papel secundario de esta en la historia del país posicionándola, irónicamente, como protagonista en las dos películas que componen, de momento, esta trilogía, y liderando una revolución social en los dos espacios en los que cada película transcurre: los pueblos de Dogville y Manderlay.


El nombre de la protagonista nos sugiere la palabra “gracia”, un adjetivo atribuido a seres divinos, como los dioses. Así la protagonista se muestra, al llegar al pueblo de Dogville, como un ser bondadoso, comprensivo y fiel a todos sus habitantes. No obstante, conforme se va sucediendo la película, los habitantes del pueblo van mostrando sus verdaderas caras y acaban por engañarla, abusar de ella, torturarla psicológicamente e, incluso, violarla. Es entonces cuando esta muestra su otra cara, esa más agresiva y vengativa.

La dignidad es un atributo humano, según Homero, y Lars lucha junto a la mujer para poner a todos y a cada uno de los personajes en su lugar. El devastador final nos muestra la poética venganza de Grace, que extermina al pueblo dejando sólo con vida al perro: el único de todos los habitantes que siempre se mantuvo fiel a ella. Ella actúa como un ser todopoderoso haciendo pagar al pueblo con sus pecados, impartiendo justicia divina. Pero el final es ciertamente ambiguo: ¿es la mujer tan hipócrita como los demás habitantes o solo ha hecho justicia? ¿Es dicha justicia excesiva? ¿Ha triunfado la violencia por el fracaso del diálogo y, por extensión, de la democracia?



TRILOGÍA DE LA DEPRESIÓN
(Compuesta por Anticristo, 2009; Melancholia, 2011; Nymphomaniac, 2013)

Desde su estreno, Anticristo es criticada por sus escenas violentas y calificada de machista. La película narra la historia de recuperación de un matrimonio tras la pérdida de su hijo. Este tratado sobre la pareja ahonda en una visión histórica y bíblica sobre las relaciones de género. Aquí se confrontan dos mundos, representados por sus protagonistas, los cuales carecen simbólicamente de nombre. Son sencillamente llamados “hombre” y “mujer” y situados en medio de la naturaleza, donde deben superar su particular “pecado original”. El hombre, en este caso, es psiquiatra, y representa la mente racional que se rige por el tiempo objetivo, el reloj, y la ciencia; ella representa la parte emocional, se rige por las estaciones, esto es, por los ciclos de la naturaleza. La naturaleza en la película es un reflejo del estado anímico de la mujer: resalta su fuerza, su poder y, desde luego, la falta de control, lo que se materializa en la violencia y el surrealismo que inundan la película y que le confirieron ese calificativo de “misógina”. Aunque lo cierto es que la película encierra muchas ambigüedades. Por ejemplo, muchos vieron en el episodio en el que ella se amputa su sexo un motivo de misoginia mientras que otros lo juzgaron como un gesto de liberación.


 La mirada del hombre hacia la mujer se extrapola a siglos y siglos de historia y convivencia que acogieron episodios tan fatídicos como la caza de brujas. Un tratado sobre este tema es lo que el hombre en la película descubre en el ático de la cabaña, un lugar recurrente donde se solía encerrar a las mujeres a las que se tachaba de locas o histéricas (véase Jane Eyre o The Yellow Wallpaper) cuando no se quería realmente entender sus puntos de vista y sus libertades.

Como el cine metafísico de Andrei Tarkovski, director ruso al cual está dedicada esta última cinta, las películas del director danés mezclan a partes iguales lo pastoral y lo trágico, lo mundano y lo cosmológico. Sus fotogramas recogen gente común, pero de la pantalla rezuman ecos de las mayores tragedias griegas. Esto queda perfectamente representado de forma directa con Medea, su filme para televisión de 1988 que adapta la tragedia de Eurípides, y, de forma indirecta, con Melancolía, segunda parte de esta trilogía. En ella, Justine vive su particular drama, individual, ajeno a cualquier persona. Ella sufre de melancolía mientras que un extraño planeta se acerca a la Tierra amenazando a toda la humanidad. Así se evidencian los rasgos universales del sentimiento que lleva por nombre la película. Todo se debate entre el drama individual y la tragedia colectiva, demostrando así su director que las grandes tragedias, las grandes caídas, están al alcance del personaje más ordinario.

La película resulta ser, en definitiva, un gran cuadro expresionista donde se pinta una gran paradoja humana que recogía F. Scott Fitzgerald en su obra El Gran Gatsby y que recoge el sentimiento de melancolía: “el momento más solitario de la vida de una persona es cuando está viendo cómo su mundo se desmorona y lo único que puede hacer es quedarse mirando fijamente”.


Joe, la última protagonista femenina del director, probablemente sea la más rebelde de todas sus heroínas. La tercera parte de la trilogía de la depresión, titulada Nymphomaniac y dividida en dos partes, es un tapiz de vivencias y confesiones en el que Joe, una mujer de 50 años que es recogida de la calle por un anciano judío, narra el turbador relato de su vida. Abiertamente sexual y explícita, la película fallará ante las expectativas de quien piense que va a asistir a un filme erótico. Joe se autodiagnostica ninfómana, pero sus vivencias se acercan más al estilo cómico y moralmente ambiguo de Las Mil y Una Noches que al sexual de Garganta Profunda.

En esta trilogía, Lars Von Trier realiza una despiadada deconstrucción de los mitos religiosos del Antiguo Testamento donde la mujer era vista en muchos casos como un ser violento y sexual. Así, Joe intenta huir de esta enfermedad, la cual según ella ya tenía en su más tierna infancia, quizás fruto de ese pecado original del que ella no es culpable. La lucha de Joe así como el resto de protagonistas de esta saga por superar sus problemas está inspirada en la realidad del director danés, aquejado de depresión crónica, manías persecutorias, fobias y un sinfín de peculiaridades que conceden a su obra un toque aún más personal.

No cabe duda de que los personajes femeninos de la obra de Lars Von Trier son profundos y complejos y difieren mucho entre sí. No obstante, todas ellas mantienen un lazo común: su inconformismo, reflejo del inconformismo propio del realizador danés. La riqueza de matices de los personajes, casi siempre femeninos y en claro liderazgo, y sus puntos revolucionarios, entre otros factores, influirían sin duda en la cantidad de premios que hasta la fecha han sido otorgados a su director y, cómo no, a las actrices que con muchísimo talento se pusieron en la piel de sus heroínas.


Volviendo a Homero, las películas de Lars Von Trier son como una gran batalla épica de mujeres guerreras: cada una tiene su motivo y su momento de gloria, y luego perece para dejar paso a otra heroína. Como Aquiles, todas ellas tienen algún punto débil, pero tenaces y bravas habrían de poner al mundo patas arriba antes de sucumbir.

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