sábado, 9 de octubre de 2010

¡Herzog se come su zapato!

Uno de los cantantes más influyentes del S.XX se suicidó tras ver una de sus películas. Pese a que las respuestas a éste triple enigma no tienen nada que ver entre sí, los entendidos ya sabrán que se trata de Ian Curtis, cantante de Joy Division, que se suicidó tras ver "Stroszek" de Werner Herzog.

Herzog es muchísimo más que un simple director de cine. Werner Herzog es un antropólogo, un explorador y descubridor de éste mundo, un polifacético personaje cuya línea que divide vida y obra ha ido poco a poco desapareciendo. Sus múltiples proyectos van desde los dramas más arriesgados hasta los documentales más creativos pasando por colaboraciones con directores amateur y apariciones como actor en algunas películas de cine underground (merece la pena destacar Gummo y Julien Donkey-Boy, de Korine y Man of flowers, de Paul Cox). Injustamente sería también omitir su contribución a la literatura en diversos medios.


Ya en su forma de hablar, en sus actos, se pone en tela de juicio su cordura mental. Para su primera película "También los enanos empezaron pequeños" de 1970, se apostó que se arrojaría a un cáctus si ninguno de los enanos que componía el reparto moría debido a un rodaje lleno de peligros e incidentes.

Años más tarde conocería a Errol Morris, un joven talento que apilaba una gran cantidad de material documental a la espera de un proyecto que nunca llegaba. Herzog pronto quedó impresionado por esto y animó e insistió a Morris para que hiciese una película con dicho material. Incluso llegó a prometerle que se comería su propio zapato si la veía estrenada.

La película de Errol Morris se estrenó el 19 de octubre de 1980 bajo el título de "Gates of Heaven", un curioso documental sobre el negocio de los cementerios de animales y la relación de afectividad entre humanos y mascotas. El material revelado y el montaje resultante hacen pensar que el propio Morris se ríe de la tesis que muestra en su película, y de los curiosos entrevistados que van desfilando ante la cámara.


Y finalmente Herzog no solo llegó a comerse su propio zapato, sino que dicho evento fue fruto de un programa televisivo y un corto dirigido por Les Blank y escrito por el propio Herzog en el que contaba, entre otras cosas, las consecuencias físicas de haberse arrojado a un cáctus tras el estreno de su primera película.


Werner es un personaje irreal, pero cargado de emociones y convicciones. Werner Herzog se parece a sus personajes. Son antihéroes. Personajes literarios que luchan ciegos sin ver sus propios límites humanos ante la naturaleza, inmensa y cruel, y quizás ante la propia materia humana: algo aún más difícil de entender. En esto se basa su libro "La conquista de lo inútil", un texto escrito por el propio director en el que exponía sus creencias, sus ilusiones y sus miedos bajo una aparente estructura de diario de rodaje.
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En sus documentales, Herzog se dedica también a buscar a extraños personajes que luchan en recónditos lugares del mundo como ocurre en Grizzly Man o en Encuentros en el fin del mundo. Su habilidad para comunicarse con otros seres humanos ya no solo se basa en los múltiples idiomas que domina (el alemán, su lengua materna, el inglés, el español...) sino más bien en su empatía emocional que sabe plasmar en su obra.
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Entre todos sus personajes siempre se identificó con Fitzcarraldo con el que más. Si en una película se resume toda la obra del director alemán, esa es Fitzcarraldo, dirigida en 1982 cuando el director ya estaba acostumbrado a rodar en situaciones y localizaciones extremas. También había rodado ya otra película en el Amazonas diez años atrás (Aguirre, la cólera de Dios), también protagonizada por el que siempre fue su actor predilecto , su mejor amigo... y su enemigo más íntimo.

Klaus Kinski (en la foto) ya fue compañero de Herzog incluso antes de serlo en el trabajo. Fue en un piso que compartían ambos cineastas en la época de los cincuenta. Ya entonces Herzog sintió una fuerte atracción hacia la enigmática personalidad de Kinski, personaje ego maníaco que podía pasar días realizando un mismo ejercicio de interpretación o destruir entero el mobiliario del piso tras un ataque de ira completamente irracional.

Más de cuatro décadas más tarde y ocho años después de su fallecimiento, Herzog dedicó un merecido homenaje al actor en su película de 1999 que lleva por título "Mi enemigo íntimo".

Sus películas quedan, pese a todo, atadas y encerradas en nuestros "corazones de cristal" dispuestas a explotar en el momento más inesperado. Y muchos serán los que digan

"Yo nunca podré tomar en serio a un hombre que
se come su propio zapato"

Y puede que su obra parezca, a primera vista, burda o nimia pero, donde en la sinopsis solo se escribe "Werner Herzog se come su zapato", en el fondo resulta ser un bello homenaje al cine, a la humanidad, a la naturaleza y una aplastante carga en contra de la televisión, la publicidad y la cultura pop. Conquista y destrucción de lo inútil.

2 comentarios:

Lucía dijo...

¡Dime que al final acabó en un cactus!

No sé si te lo he dicho alguna vez, pero qué bien escribes.

Inma dijo...

El tío era listo; aseguró así el estreno de la película y a su vez hizo taquilla y ganó popularidad. Además en aquella época los zapatos serían de piel, tuvo una buena comida proteica =)