martes, 14 de abril de 2015

Xavier Dolan: masculino, femenino y viceversa

Con 25 años, este jovencísimo director francocanadiense ya ha estado en Cannes cuatro veces, una en Venecia y se ha alzado con un buen puñado de premios de reconocimiento internacional. Xavier Dolan es estiloso y atrapa la atención de los medios; llena todas las redes sociales de comentarios y fotos y, a cambio, es acusado de narcisista por algunos. Sus méritos son muchos: dirige, escribe, produce y protagoniza la mayoría de sus películas. Además cuida cada detalle de sus propias producciones, como el vestuario, la música y el montaje. Por si fuera poco, ha participado como actor en diversas películas y proyectos y aún le sobra tiempo para ser activista por los derechos homosexuales.

Dolan configura su propio universo visual naturalista y manierista. Sus cintas están cargadas de experimentos visuales cercanos a la poesía. Mezcla estilos y tendencias, haciendo referencia a otros artistas y a él mismo. A veces, su montaje se asemeja al de un videoclip. La música es esencial en su mundo: sus fotogramas se nutren de canciones de todos los estilos: pop, clásico, folklórico… pese a proceder de mundos muy dispares todas confluyen en un mismo punto. ¿Contradictivo? No: Dolan reinventa el kitsch y disfruta con el resultado: lo viejo y lo nuevo, lo moderno y lo pasado de moda, lo vintage y lo hypster.

En este confuso marco, Xavier Dolan busca temas cercanos a su edad: narra historias de relaciones amorosas, maternofiliares y de búsqueda de la identidad. Historias de desgarro emocional, de personalidades incompletas y de relaciones benditas y malditas, mostrando el desarraigo del autor con su propia generación.
Pasemos ahora a analizarlas una por una:


YO MATÉ A MI MADRE (J’AI TUÉ MA MÈRE) (2009)

Con 19 años presentó en el festival de cine de Cannes su ópera prima, una historia de la relación amor-odio entre una madre y un hijo.

Es bien sabido que los escritores noveles, sobre todo si son jóvenes, tienden a hablar de la propia experiencia más que a narrar asuntos ajenos. Esta película está basada en material autobiográfico. El atormentado alter ego de Dolan se sienta delante de una cámara, como muchos adolescentes harían ante las redes sociales, y relata sus experiencias y sus sentimientos encontrados hacia su madre. Esta forma de narración guarda un cierto paralelismo con la escritura automática surrealista y se relaciona, asimismo, con el arte que el chico, junto con su pareja, practican en una escena: el arte dripping, una técnica de pintura abstracta que consiste en lanzar pintura contra un lienzo.

La película para Dolan es como un lienzo en blanco: experimenta en forma y contenido, se recrea y despliega sus inquietudes artísticas en todas sus formas posibles, muchas veces buscando el subconsciente que una los hilos de su mundo exterior con aquellos de su mundo interior. Su técnica es rica en encuadres, primeros planos de decoraciones, tejidos, y hasta comida. Juega con el tiempo y experimenta con el punto de vista: por ejemplo, en su casa, madre e hijo comen en la barra de la cocina; detrás queda la mesa vacía en penumbra, lugar significativo de encuentro familiar. El director insiste en los detalles y estos los muestra más vibrantes cuando hay algo que le gusta al protagonista.


LOS AMORES IMAGINARIOS (2010)

Ni un año esperó Xavier Dolan para presentar su segunda película. Los amores imaginarios narra el divertido triángulo amoroso de dos amigos, Marie y Francis, hacia un tercero, Nick.

Dolan se ríe y se deleita de los defectos humanos, así como de las virtudes y de las idealizaciones, próximas al modelo de belleza clásico: como siempre, Dolan se sirve del arte para simbolizar todo lo que aparece en pantalla. Marie, por ejemplo, es presentada como una Audrey que se fija en Nick como el David de Miguel Ángel, obra maestra del Renacimiento y próximo al modelo de belleza clásico. Por otro lado, Francis ve a Nick como los dibujos eróticos de Jean Cocteau. Así, el tono de la película va desde la idealización hasta el desencanto volviendo de nuevo al punto de partida.

De nuevo, como en su anterior película, el director juega con los detalles: la ropa, que sirve para aleccionar a los personajes; la comida, como elemento sensual; el arte pictónico, que prolifera por cualquier lado, desde un cuadro en el suelo hasta el cuadro que sirve como pictograma de los sentimientos de un personaje en un determinado momento (véase el cuadro del grito).


LAURENCE ANYWAYS (2012)

El problema de la identidad es uno de los más recurrentes en la filmografía de Dolan. Un personaje es asaltado por pensamientos y sentimientos que le hacen replantearse quién es. Es el problema del intruso: está en su primera película en el rol de la madre, en la segunda en el papel del chico al que los dos amigos desean y que pone en peligro dicha relación de amistad y, en última instancia y para culminar la teoría de los “amores imposibles” (como el propio Dolan la definió), está el problema de la sexualidad. Es decir, el intruso aquí no es una persona externa, sino la propia personalidad interna.

Como técnica de cohesión, el motivo del testimonio vuelve a aparecer. Lo veíamos en la primera película cuando el adolescente agarra la cámara y narra delante de ella su día a día y, en este caso, vuelve a aparecer en formato de entrevista:

Entrevistadora: ¿Qué estás buscando, Laurence Alia?

En esta cinta, el protagonista es un hombre de 40 años que disfruta de una vida cómoda y estable; sin explicación alguna, dicha estabilidad se ve asediada cuando una nueva sexualidad surge en su ser: ¿Quién es el nuevo Laurence Alia?

Esta es una epopeya (de tres horas de duración) centrada en la psique de del personaje principal. Ha sido comparada, al igual que el resto de su filmografía, con una cantidad de directores y obras que aquí recopilamos, añadiendo alguna de nuestra propia tinta:

- El Almodovar de La ley del deseo.
- El Tod Haynes de Lejos del cielo.
- John Cameron Mitchell y su Hedwig and the Angry Inch. Ambos directores son conocidos por su “necesidad de mostrar” en pantalla lo que ocurre dentro de cada individuo, ya sea un tormento sexual (Shortbus) o su libertad creativa (Hedwig).
- La obra de Won Kar Way.
- Rainer Werner Fassbinder. Como Dolan, Fassbinder también fue un enfant terrible en su país natal, Alemania, hablando sin tapujos sobre tabús sociales y políticos.

- Ingmar Bergman, por la presentación catártica del personaje y las relaciones familiares, amorosas y sexuales. Y, a veces, cómo los límites entre ellas se emborronan.

Pero lo que sí que es cierto es que esta película rompe el tono de las dos anteriores en cuanto a la madurez con la que el material es tratado. Es decir, y siguiendo el hilo de comparaciones, Dolan, en el tratamiento de sus temas, se acerca más en esta ocasión a la madura agudeza de Mike Leigh que al desenfado y la irreverencia de John Cameron Mitchel.

Y, finalmente, Dolan se delata a través de su alter ego:

Entrevistadora: ¿Qué estás buscando, Lawrence Alia?
Lawrence Alia: Estoy buscando una persona que entienda mi lenguaje y lo hable. Una persona que sin ser paria cuestione no solo el valor y los derechos de los marginados, sino también de las personas que dicen ser normales.


TOM À LA FERME (2013)

Esta fue la única de sus películas que, hasta la fecha, no se presentó en Cannes. Esto fue debido a que su anterior cinta no fue incluída en la selección oficial de dicho festival, sino en su sección “Un certain regard”. En su lugar fue presentada en Venecia donde se alzó con el premio FIPRESCI.

Traducida como Tom en la granja, la cuarta película de Dolan supuso un grado más en la pureza visual: no hay retazos de imágenes ni montaje a lo videoclip, hay travellings; no hay soundtrack, hay banda sonora; la fotografía elimina los colores brillantes y vibrantes para adaptarse a los ocres colores otoñales, estación en la que se ambienta una de las películas más duras y retorcidas del director junto con la anterior.
Es, ciertamente, una película inclasificable. En calidad de cajón de sastre podría ser fácilmente catalogada como drama: Tom (Dolan) viaja hasta la granja donde su novio, fallecido en un accidente de coche, vivía con su madre, que desconoce que estos dos fueron pareja.

El filme combina serias escenas con toques de realismo absurdo, como la del baile. Otras escenas más oníricas y pesadillescas, como la de la huída a través del campo de maíz, evoca el poder iconográfico de la obra de Dolan, rico en metáforas que parten de imágenes simples: “En octubre sus hojas son como cuchillas”.


MOMMY (2014)
Y por fin llegamos a su cinta más reciente y, para mi gusto, la más redonda de todas. Con ella, Dolan volvió a Cannes donde consiguió alzarse con el premio del jurado (el segundo galardón más prestigioso del certamen).

En esta película, el joven director volvió al tema central de su ópera prima: el de la relación de una madre y su hijo, esta vez un chico con ADHD (Trastorno con déficit de atención con hiperactividad) que viven en una Canadá ficticia donde una ley permite a padres tirar la toalla con sus hijos problemáticos. La relación entre ellos es tortuosa hasta que aparece Kyla, una nueva vecina cuya presencia ayudará para estrechar lazos y reconstruir el maltrecho vínculo familiar maternofiliar.

Pese a los parecidos con su primer largometraje, Xavier Dolan matiza: “mi primera película trata sobre una crisis juvenil y es autobiográfica; esta es sobre una crisis existencial y no tiene nada que ver con mi vida”.

La película fue filmada en formato cuadrado (1:1) una arriesgada decisión que fue calurosamente acogida por el público y la crítica en Cannes. Su decisión de desechar otros formatos más comunes como el 4:3 o el 16:9 y elegir uno tan restrictivo se debió al interés del joven director no solo de experimentar con la imagen sino, además, de centrar la atención en los personajes y menos en el entorno donde se les graba.


Un pequeño detalle: como siempre, la técnica acompaña la catarsis de los personajes en la filmografía de Dolan. En el clímax de la película, el protagonista, montado en una bicicleta, mira directamente a la cámara, alza sus manos y ensancha con ellas el formato cuadrado de la película. Cuando vi la película en su estreno en el Festival de Cine de San Sebastián, los espectadores arrancaron a aplaudir. Un momento emocionante.
Para su próxima película, la sexta en su filmografía, prepara el gran salto a Hollywood. Con 26 años dirigirá nada menos que a Jessica Chastain, Susan Sarandon y Kathy Bates, entre otros.

sábado, 28 de febrero de 2015

Duelo de Titanes (2): Anne Bradford y Anthony Hopkins en "La carta final"


Dos almas solitarias. Una acérrima lectora y escritora de guiones neoyorkina (Anne Bradford) envía una carta a una pequeña librería de Londres en busca de clásicos ingleses difíciles de encontrar en América. Frank Doel (Anthony Hopkins), el reservado y discreto librero, le contesta y da comienzo así una bonita historia de amistad, en torno a los personajes principales, y de amor, en torno a la literatura.

Todos recordaremos a Anne Bradford por la exitosa película El Graduado así como a Anthony Hopkins por su tenebroso papel en El Silencio de los Corderos. Por eso resulta aún más atractiva esta propuesta: ella es una audaz e impulsiva mujer que vive en una bulliciosa ciudad, y él es todo un gentleman que vive en una ciudad llena de historia en plena posguerra. Se trata de una batalla verbal y epistolar a ambos lados del Atlántico, una catarsis de dos solitarios personajes que se descubren mutuamente en lejanos mundos y que muestran verbalmente, por medio de sus cartas, su amor incondicional por la literatura. Sus voces en off narran sus cartas mientras se muestran escenas de sus vidas cotidianas. En el clímax de la película, ambos se dirigen a la cámara verbalizando el contenido de sus cartas a la otra persona y conectando definitivamente con el espectador.

El resultado es que cuando terminas de ver la película sientes la necesidad de ir y abrazar tus propios libros. Abrirlos y respirar, como hace la protagonista, y sentir cómo el mundo desaparece a tu alrededor.


...and the winner is…

Anne Bradford. Sin duda. Y no es que Hopkins esté mal. Él representa el papel que tiene que representar: el de serio galán inglés. Pero ella es la que lo encuentra, la que vive y expresa con candorosas y efusivas palabras su amor por los libros y aquella cuyas reflexiones acarician el sentido poético de la literatura. Me despido con dos de ellas:

 “¿No es precioso? Una primera edición, querida. Tiene 100 años. No sé si me lo merezco con ese cuero tan perfecto y esos grabados. Debería estar en una biblioteca en una gran mansión en la campiña inglesa para leer junto a la chimenea junto a un sillón de piel y no en un sofá que se cae a trozos en un cuartucho en un viejo edificio que se derrumba.”


“Estuve tantos años soñando con ir a Inglaterra... Solía ver películas inglesas solo para fijarme en sus calles. Hace años conocí a un hombre que me dijo que las personas que van a Inglaterra encuentran exactamente lo que van a buscar. Yo le dije que iría en busca de la Inglaterra de la literatura inglesa, y él asintió y me dijo: "Está ahí".”

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Stephen King. ¿Quién dijo miedo?


En el número 80  de la revista Esquirre, Stephen King se definía a sí mismo como “el equivalente literario a un BigMac con patatas”. Será porque su obra se ha extendido por todo el mundo, por la cantidad y calidad de su corpus o por su baja calidad literaria, este símil es más que convincente y muestra a un escritor ya maduro que sabe reírse de sí mismo y aceptar el papel que le toca ocupar en la sociedad… y en nuestras bibliotecas.

Pero lo cierto es que Stephen King es el escritor por excelencia del género de terror en narrativa contemporánea para muchísimos lectores de todo el mundo y, gracias a esta popularidad, muchos han sido los directores que se han atrevido a llevar a la pantalla al Ronald McDonald de la literatura, siendo prácticamente cero el número de libros suyos que no han sido aún adaptados.



LOS MAESTROS DEL TERROR

Al ser Stephen King un maestro de la literatura de terror, no es de extrañar que sus paralelos en el cine, los maestros del cine de terror, hayan acudido en manada a buscar inspiración de sus relatos para rodar sus producciones.

El primero en adaptarlo fue Tobe Hooper, el director de La Matanza de Texas, que dirigió El Misterio de Salem’s Lot, una mini serie que, al igual que el resto de la obra de Hooper, en particular, y que la mayoría de adaptaciones de los 80 de Stephen King, en general, acabaría por envejecer. La obra original se inspiró directamente en el Drácula de Bram Stoker para narrar la historia de Ben Mears, un escritor que regresa a su tierra natal (argumento bastante recurrente del autor) con el fin de escribir su próxima novela. Cuando los vecinos comienzan a convertirse en vampiros, Mears decide investigar para llegar al origen de la epidemia. El director acudiría a las dos películas de Nosferatu (1922 y 1979) para buscar inspiración en el diseño artístico.
Imágen de la versión de Nosferatu de 1922, dirigida por Murnau
Imágen de la versión de Nosferatu de 1979, dirigida por Werner Herzog
Imágen de la adaptación de El Misterio de Salem's Lot

A Hooper le siguió George A. Romero. En 1982, el director de La Noche de los Muertos Vivientes adaptó Creepshow, una película de episodios de los cuales 3 de de 5 eran inéditos. De las dos secuelas que se hicieron, solo una más volvió a contar con historias de Stephen King.


Otro que no tardaría en adaptar fue David Cronenberg, el barón de la sangre, que se decantó por La Zona Muerta (1983), un título más alejado del terror y más cercano a la ciencia ficción, su género por excelencia. Este thriller psicológico está protagonizado por Christopher Walken en el papel de un hombre que despierta tras cinco años en coma y descubre que tiene poderes extrasensoriales. Más adelante se haría un remake en formato de serie para televisión.

Ese mismo año, John Carpenter, el director de Halloween y The Thing estrenó Christine, basándose en la historia de un coche maldito que King escribió durante su estancia en el hospital tras haber sido atropellado.


NIÑOS, PAYASOS, COCHES Y CEMENTERIOS…

Parte del éxito del autor se debe a buscar en cosas más o  menos cotidianas, como un perro, un coche o un payaso, un motivo de terror, resaltando rasgos, exagerando y creando situaciones en las que cualquier persona podría sentirse aterrorizado. Además, Stephen King tiene una serie de motivos que se suelen repetir en muchas de sus novelas (muchos de ellos sabemos, autobiográficos) como el retorno al pueblo natal, la superación de miedos y traumas, el bulling y los abusos físicos y sexuales, las drogas, el alcoholismo, la familia… y la infancia, quizás el común denominador a todos los temas anteriormente citados. Muchas de sus novelas se pueden catalogar como bildungroman o comming-of-age story, historias protagonizadas por niños en plena transición hacia su madurez.


Este es el caso de su novela más larga hasta la fecha: It (Eso). Adaptada para el cine en dos partes en 1990, se trata de un catálogo de todos los temas citados en el anterior párrafo. Aún con gusto a las producciones televisivas de los ochenta, esta larga película tiene alguna de las mejores escenas de terror sacadas de un libro de King. Podemos recordar, entre otras, la escena de lluvia en la alcantarilla con los globos o la escena de las sábanas en el tendedero… cualquiera podría provocarnos pesadillas hasta los más adultos pero, si hay algo que esta película tristemente demuestra, es que es mejor sugerir… que mostrar, pues el desenlace de cada una de las dos partes es a cual más decepcionante. Aún queda por ver cómo resuelve Cary Fukunaga, el director de Sin Nombre (2009), Jane Eyre (2011) o la serie True Detective, el remake que prepara en dos partes para el 2016 pues, por si no era ya obvio, he de subrayar que la mayor carga terrorífica de la película original recae en Tim Curry, espeluznantemente caracterizado como el payaso Pennywise, en la mejor interpretación de su carrera junto con Frank N Furter, el vampiro transexual de The Rocky Horror Picture Show.

No se queda atrás Cementerio Viviente en cuanto a recursos de terror. En cuanto a anecdotario, tampoco: el propio Stephen King hace un cameo además de firmar el guión.


Más recientemente, Frank Darabont, uno de los directores con más tablas adaptando a Stephen King, encontró en La Niebla (2007) uno de los acercamientos más complejos a su obra. Este homenaje a H. P. Lovecraft es una fábula social y política, a veces nada sutil y puede que hasta enervante por lo que al punto de vista religioso se refiere. La historia nos lleva a Maine, el estado predilecto del autor, donde una brusca tormenta trae, tras de sí, una espesa niebla que sirve como hábitat a un grupo de monstruosas criaturas. En un supermercado se refugia un nutrido grupo de pueblerinos que se afrontará los extraños acontecimientos de diferente forma. Atentos con guiño inicial de la película a una de las obras más queridas de Stephen King: La Saga de la Torre Oscura.



EL RETORCIDO MUNDO DEL ESCRITOR

Moviéndose de un lugar a otro de los Estados Unidos para promocionar sus libros, imaginamos que el escritor habrá tenido muchas vivencias, algunas de ellas cercanas al género que él mismo cultiva. Y dado su facilidad para incluir elementos autobiográficos en sus novelas, no es de extrañar que algunas de ellas estén protagonizadas por escritores. En este apartado vamos a explorar adaptaciones donde la figura del escritor afronta algún tipo de crisis.

En esta línea se circunscribe el protagonista de 1408, un desafiante y escéptico escritor de guías de terror baratas. Su fe y su razón se verán puestas a prueba en la habitación 1408 del hotel Dolphin, en Nueva York. Quizás esta figure entre las adaptaciones con la ratio de sustos más alta.


Injustamente olvidada e infravalorada está La Ventana Secreta, protagonizada por Johnny Depp cuando estaba en el mejor momento de su carrera o, para muchos “cuando aún molaba”. La historia nos muestra a un autor en un momento de sequía creativa en el que un inesperado personaje le hace una visita. De todos los géneros entre los que oscila, quizás sea “thiller” el calificativo más adecuado. El carácter autoalusivo de la obra tampoco tiene desperdicio: "lo que importa es el final, es la parte más importante de un cuento. Y este... es perfecto".

Pero una de las más “perfectas” de todas las adaptaciones que en este artículo podamos incluir es Misery, dirigida por Rob Reiner en 1990. El casting para la película fue especialmente dificultoso debido a la cantidad de actores que rechazaron el proyecto, entre otros, Anjelica Huston y Al Pacino. Pero el resultado final mereció la pena. Hoy todos recordamos a Kathy Bates en el papel de una tosca mujer que rescata a su escritor favorito de una carretera de montaña nevada, donde había sufrido un accidente de coche. Lo que al principio era hospitalidad, se va tornando en acoso y secuestro. Kathy Bates se llevó el oscar a la mejor interpretación femenina por delante de grandes actrices del momento, incluyendo la que originalmente rechazó el papel de Bates en Misery.


Y terminamos la sección con la joya de la corona: una historia sobre un hombre que acepta un trabajo de mantenimiento de un hotel durante el invierno, mientras este se encuentra cerrado y aislado por la nieve. Allí se traslada junto con su familia, esperando poder encontrar la tranquilidad que necesita para escribir una novela. El Resplandor fue adaptada, en primer término, por Stanley Kubrick en 1980 dando como resultado una de las cintas de terror más influyentes y recordadas de todos los tiempos. Teniendo en cuenta esto, resulta curioso que el escritor rechazase la adaptación de Kubrick pues, según afirmó, el director había ignorado los aspectos fundamentales de su obra: la disolución familiar y el alcoholismo. Curiosamente, dos de las escenas más recordadas hacen referencia a estos dos temas: la primera, la cabeza de Jack Torrance (Jack Nicholson) emergiendo por la rotura de la puerta e intentando agredir a su mujer. La segunda, la escena donde unos fantasmas se aparecen a Jack en el bar del hotel.

Con el tiempo, Stephen King acabó por reconocer el valor de la película. Sin embargo, en 1997 se estrenó un remake más cercano a la concepción inicial del autor y que fue bautizado como El Resplandor de Stephen King.



SAGAS, SERIES Y SERIALES


Obviando la ya mencionada saga de Creepshow, no podemos pasar por alto a Los Chicos del Maíz, una obra tan influyente como pésima. El relato narra la historia de una pareja que va a parar a un pueblo habitado tan solo por niños donde han desarrollado un extraño culto. Se trata de la adaptación de un cuento de En el Umbral de la Noche, una de las mejores recopilaciones del autor, que poco honor hace al nivel de dicho volumen. Pese a ello, la película cuenta nada menos que con seis secuelas que no logran, ni por asomo, equiparar el patético listón que dejó la original. Pero si el argumento os ha dejado con las ganas de ver algo igual o parecido, no dejéis de ver El Pueblo de los Malditos, un clásico inglés de los años 60, o la inquietante ¿Quién Puede Matar a un Niño?, la obra maestra de Chicho Ibáñez Serrador, estrenada tan solo dos años antes de que se publicara el libro de King. Pese a que se ha hablado, en muchas ocasiones, de plagio, lo que sí que es cierto es que el enfoque de cada uno de los autores sobre el planteamiento original es claramente diferente: mientras Stephen King se centra en la religión, Ibáñez Serrador se centra en la venganza social y generacional, como las imágenes de archivo del comienzo de la película dejan ver.

El desarrollo de la obra de King ha coincidido con el auge de la televisión en los años setenta y ochenta, por lo que una buena parte de su obra se produjo directamente para televisión en formato de película o seriales. Además, debemos destacar las colaboraciones como guionista, particularmente el guión que escribió para un episodio de la quinta temporada de la exitosa serie de televisión Expediente X. El capítulo, escrito junto con Chris Carter, el creador de la serie, fue uno de los peores de la temporada que, por otro lado, a día de hoy está considerada una de las cimas de la serie. “Chinga”, así se llamó, trata sobre una niña autista y su muñeca presuntamente objeto de algún tipo de poder maligno.


Tampoco podemos olvidar el remake Hotel Kingdom (2004), cuyo guión firmó King en colaboración con Lars Von Trier en una de las uniones más frikis de la historia de la televisión. Esta producción, por supuesto, no pudo mejorar la que diez años antes había filmado el director danés.

La Cúpula (2013), por último, es la más reciente de las producciones televisivas en nuestra lista. Cuenta con muchos ingredientes del mejor King, incluido lo siniestro. Pese a todo no llegó a convencer por completo al público que, en su estreno, se mostró menos unánime que la crítica.


¿QUIÉN DIJO MIEDO?

Hace unos años, el diario El País en su edición del Semanal publicó una entrevista a uno de los hijos escritores de Stephen King en el que remarcaba que su padre no era “solo un escritor de obras de terror”. Y es que esto es algo que parece que los lectores de medio mundo tienden a olvidar ya que, en realidad, King no solo ha firmado buenos relatos de terror. Y donde menos pasa desapercibido este rasgo del autor es en el cine.

Si: quizás, si lo piensan mejor, ustedes podrán recordar más películas notables o sobresalientes basadas en uno de sus libros que no sea de género.


La primera que les vendrá a la memoria, seguramente, será Cadena Perpetua (Frank Darabont, 1994). Y es que, pese a que no consiguiese ninguno de los siete oscars a los que estuvo nominada, la audiencia de medio mundo ha decidido que se encuentre, a día de hoy, en los tops de las más prestigiosas redes sociales de cine como Filmaffinity o IMDB. Es sorprendente cómo la película Cadena Perpetua ha eclipsado, incluso, a su relato original, Rita Hayworth y la redención de Shawshank, publicado en el libro Las Cuatro Estaciones y que habría de consagrar a Stephen King como autor más allá del género de terror.



Cinco años después, Frank Darabont repetiría género (drama carcelario), autor (King) y éxito con La Milla Verde, una historia bien aderezada con uno de los elementos favoritos del autor: la fantasía. La Milla Verde está protagonizada por Tom Hanks en uno de los mejores momentos de su carrera y por Michael Clarke Duncan en el papel de un misterioso y cárnico gigante negro que es acusado de haber violado y matado brutalmente a unas niñas. El resultado es una película humana y satisfactoria que resulta convincente y cargada de personajes entrañables y momentos inolvidables.

Continuando por esta senda de pequeñas joyas basadas en las obras no terroríficas de King, existe un, llamémoslo, subgénero dramático aún sin catalogar y cuyas tramas giran en torno a la relación entre un adulto y un joven. Esta fórmula se ha llevado al cine en numerosas y exitosas ocasiones. Gus Van Sant y Mel Gibson darían en el clavo con sus producciones Descubriendo a Forrester (2000) y El Hombre sin Rostro (1993), respectivamente. En cuanto a adaptaciones de Stephen King mencionaremos Verano de Corrupción (2001) y Corazones en Atlántida (1998). La última mezcla esa kármica unión entre un adulto y un niño que veíamos en El Resplandor. En Verano de Corrupción, por otro lado, King se acercaría más al terror para relatar una oscura parábola sobre los peligros de remover el pasado. Ian McKellen, en el papel de un ex militar de las SS, carga con todo el peso dramático de esta película de Brian de Palma, el director de Sospechosos Habituales. De Palma desarrolla la película con pulso pese a lo previsible de su argumento y, contra todo pronóstico, se guarda un as en la manga para un desenlace perturbador.


La adaptación de la novela The Body, una especie de Huckleberry Finn contada por Stephen King, fue llevada al cine por Rob Reiner en 1986 y dio como resultado la exitosa Cuenta Conmigo, una road movie sobre un grupo de niños que se embarca en un viaje movidos por el deseo de ver un cadáver abandonado a orillas de un río. El punto de vista de uno de ellos, marginado por su propia familia tras el deceso de su hermano mayor, sus amigos provenientes de grupos marginales, así como el enfrentamiento a un grupo de matones, nos puede recordar a It. El título original, Stand by me, está inspirado en el tema homónimo que interpretó originalmente Ben E. King y que ha sido versionada por diferentes artistas hasta la fecha. Su aire sesentero empapa los fotogramas de esta nostálgica historia narrada con soltura.


¿QUÉ HAY DE NUEVO?

Stephen King sigue con su ritmo de publicación de dos novelas por año (es lo que tienen los “buenos” contratos)… y seguro que se cocerán nuevas producciones sugeridas por su obra. Una de las noticias que ya se han anunciado es la readaptación de una de sus obras maestras, It, así como la adaptación de su saga La Torre Oscura.

De momento, según el propio escritor, sus adaptaciones favoritas son La Niebla, Cuenta Conmigo y Cadena Perpetua.

martes, 4 de noviembre de 2014

Duelo de Titanes (1): Bette Davis y Joan Crawford en "¿Qué fue de Baby Jane?".

¿Qué fue de Baby Jane? es una película que siguió la estela del éxito sembrado por una serie de cintas, entre las cuales se encuentra El Crepúsculo de los Dioses (Billy Wilder, 1950), que tienen por protagonistas a viejas y trasnochadas glorias Hollywood.

De las novedades que introdujo esta, en particular, destaca la que nos ocupa en esta sección: que en vez de ser una, fueron dos las perturbadas que regresaron del olvido a ocupar de nuevo las páginas de la prensa sensacionalista. Joan Crawford y Bette Davis interpretan en ¿Qué fue de Baby Jane? a dos hermanas esperpénticas con un oscuro pasado que se han amargado en el resentimiento y que se torturan mutuamente como personajes de guiñol.

La veracidad de este enfrentamiento interpretativo es, en parte, debida a la tirria que las dos actrices se tenían en la vida real y al empeño que ambas pusieron en avivar su odio mutuo durante el rodaje. Pese a que nunca llegaron a las manos, lo cierto es que, en una ocasión el pié de Bette impactó en la cara de Joan ante la cámara. La guerra fría que las dos actrices mantuvieron en la realidad se parecía mucho a la que las dos hermanas tenían en la ficción: una guerra por desgaste basada en la tortura psicológica y en el factor sorpresa.

Los fotogramas de esta magnífica película han acogido durante años una guerra secreta de la que solo unos cuantos espectadores bien informados tuvieron constancia. Para el resto, dicho enfrentamiento quedó oculto, como los pesos que Joan se colgó debajo de su camisón para una escena en la que Bette tenía que arrastrarla por toda la casa. Según contaba el propio equipo, Joan Crawford saboteó la escena las veces que pudo para que su amargada compañera tuviese que volver a empezar. Finalmente, Bette Davis acabó lesionada e indispuesta para retomar el rodaje durante varios días.


…and the winner is…

Bette Davis fue, sin lugar a dudas, la que más atención recibió por parte de los medios, pese ser la peor pagada de las dos y pese a que no faltaron excelentes calificativos para ambas actrices. La ironía fue que, incluso antes de haberse estrenado la película, Davis ignoraba el potencial éxito de su cinta y publicó un anuncio buscando trabajo en la revista “Variety”, hecho que no fue ignorado por Joan Crawford, que no perdió la oportunidad de hacer leña del árbol caído.



Dios aprieta, pero no ahoga. Davis recibió su tercera nominación a los Oscar por su interpretación, pero no ganó. 

miércoles, 16 de julio de 2014

Espacios Cerrados: Atrapados en el Cine

…y, de repente, uno despierta en un lugar donde nunca antes había estado y descubre que está encerrado.

Con esta premisa comienzan algunas de las películas sobre gente atrapada. El género de dichas cintas suele variar en función del efecto que se pretende, pero en su mayoría pertenecen al terror o a la ciencia ficción, ya que el ser humano, en su concepción, no puede relacionar dicha idea con un pensamiento cómico o romántico. Quedar encerrado es un temor que ronda inconscientemente muchas mentes de seres que han nacido para ser libres y, por lo tanto, agudizan los sentidos (y sentimientos) de quienes lo sufren: soledad y dudas sobre la realidad, la existencia y la identidad son temas que este tipo de cine explora.

Todo este catálogo de abstracciones metafísicas fue relacionado con las matemáticas en la película Cube (1969), de Jim Henson así como en su remarcable remake dirigido en 1997 por Vincenzo Natali. En ellas, un grupo de individuos de diversos ámbitos sociales despiertan en un mundo de habitaciones con forma de cubo del que deben escapar. Algunos de los habitáculos están totalmente asegurados pero otros contienen trampas mortales. Están en un universo creado, pero, a diferencia del nuestro en el que vivimos, lo importante no es averiguar quién lo creó, sino cómo escapar o, en otras palabras, cómo sobrevivir.
Abraham Maslow, en su obra Una Teoría Sobre la Motivación Humana, explicaba con una pirámide cómo el ser humano va desarrollando nuevas necesidades conforme se van cubriendo las básicas. Pero los habitantes del cubo aún no han resuelto lo fundamental: su supervivencia y libertad.
Uno que si que consiguió tal libertad y que ahora anhela escalar en dicha pirámide es Min-Sik Choi, el protagonista de Oldboy (Park Chan-wook, 2003), un hombre que permaneció encerrado en una celda durante 15 años sin saber por qué. Un día, Choi es puesto en libertad sin tan siquiera recibir explicaciones. Entonces es cuando el hombre reanuda su ascenso a la pirámide y comienza a investigar quién y por qué lo retuvo durante tanto tiempo. La obra capital de Park Chan-wook es una pieza trágica en toda regla. Al igual que Edipo firma su sentencia al querer saber más, el protagonista de Oldboy repite el error que precipita la tragedia. Los tintes incestuosos que envuelven la tragedia de Sófocles salpican la película del realizador surcoreano que brinda así su “bello” homenaje al clásico griego.
Otro acercamiento al tema del aislamiento y los espacios cerrados lo encontramos en El Ángel Exterminador (Luis Buñuel, 1962). La burguesía, para Buñuel, era una clase social cerrada, endogámica, con una mentalidad muy primitiva y poco formada culturalmente que solía desembocar en la paranoia y el delirio, de ahí el corte surrealista de la cinta. El Ángel Exterminador es un ejemplo de la degradación de las clases sociales que se encierran en sí mismas llevado a la práctica de una forma brutalmente literal: después de una copiosa cena, los ilustres invitados descubren que no pueden abandonar la casa, viéndose obligados a permanecer en el interior. Yéndonos al plano histórico y biológico del ser humano, no pocas casas reales han dado al mundo descendientes con deficiencias tanto físicas como mentales por su endogamia. El hijo bastardo del conde de Gloucester en King Lear, de William Shakespeare, incitaba a la oxigenación de la familia como motivo para optar al cargo en detrimento de los herederos legítimos.

En el cine infantil, por otro lado, el síndrome de Peter Pan puede ser interpretado como un espacio cerrado, el doméstico, el imaginario, del que un niño debe liberarse si quiere hacerse mayor. Dentro del Laberinto (Jim Henson, 1983) narra la historia de una niña que se ve obligada a abandonar el hogar y afrontar la realidad, la cual se presenta, para ella, distorsionada, en la que nada es lo que parece y muy poco tiene que ver con lo que ella tenía preconcebido.
Volviendo al cine de adultos, uno de los hitos españoles por excelencia de los años 70 fue La Cabina, dirigida por Antonio Mercero y en la que muchos quisieron leer una metáfora sobre el régimen franquista, que en aquellos momentos (1972) andaba dando sus últimos coletazos. José Luis López Vázquez se pone en la piel de un hombre que queda atrapado en una cabina de teléfono y que se ve incapacitado, curiosa ironía, para comunicarse con el exterior. Esta anécdota convertida en pesadilla conecta directamente con nuestros temores más primitivos: la incomprensión, el fracaso de la comunicación o, incluso, la desesperanza de la sociedad actual. Algo parecido sufriría Ryan Rynolds en Buried (Enterrado, 2010) de Rodrigo Cortés, pero esta vez con verdaderos motivos para preocuparse: en el trasfondo, el conflicto civil armado en Irak.
Por último, cuando hablamos de personas atrapadas, encerradas, no podemos evitar pensar en una recurrente metáfora: esa de la araña y su presa. En el cine, en la mayoría de los casos, la imagen de la araña se traduce en un psicópata. Podemos pensar en El Silencio de los Corderos, Saw, Misery o El Coleccionista, entre otras muchas películas ciertamente turbadoras y recomendables.

sábado, 7 de junio de 2014

Cine en páginas: vol. 7, 8 y 9.

Cuando hablamos de cine, hablamos de imagen. Jordi Balló es profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra. Además es  director de exposiciones en el centro CCCB de Barcelona y ha publicado varios libros relacionados con el cine y el estudio de la imagen. Hoy dedicamos entrada cinefilo-literaria a Jordi Balló, un muy reseñable estudioso de la materia que nos ocupa en este blog.


LA SEMILLA INMORTAL. LOS ARGUMENTOS UNIVERSALES EN EL CINE
Autor: Jordi Balló y Xavier Pérez
Editorial: Anagrama
De los tres libros que hoy proponemos, para mí, este es el imprescindible. Los autores exploran el origen y la evolución de los argumentos universales de la creación literaria y, por extensión, cinematográfica. El libro se divide en capítulos y a cada capítulo corresponde un argumento temático (por ejemplo, “el retorno al hogar”, “el amor redentor”, “el seductor infatigable”, “el pacto con el demonio” o “la creación de vida artificial”) y cada tema, a su vez, se divide en una serie de subapartados que exploran cada una de las facetas, claves y secretos de estos argumentos de un modo multidisciplinar e historiográfico.
Imprescindible para los que saben entender el cine como un concepto multidimensional y polifacético.


IMÁGENES DEL SILENCIO. LOS MOTIVOS UNIVERSALES DEL CINE
Autor: Jordi Balló
Editorial: Anagrama
En esta ocasión como único autor, Balló nos ofrece una especie de continuación del libro anterior utilizando las estructuras y el tratamiento de la información de dicho trabajo y centrándose, esta vez, en la imagen, elemento clave en el entendimiento del cine.
Si bien en La Semilla Inmortal el argumento podía explorar de igual modo el arte de la literatura y del cine, en esta ocasión Balló se sirve de un elemento puramente cinematográfico. Balló intenta demostrar el poder simbólico de recurrentes imágenes como “la mujer en la ventana” o “la mujer ante el espejo” a través de reflexiones sobre el proceso de creación de ideas y temas más profundos. Además intenta explicar, como ya lo hacía anteriormente, por qué esas imágenes están fijas en nuestra memoria como si fuesen iconos universales de algo.
Otros capítulos del libro son: “La Piedad”, “El Pensador”, “Las Escaleras” o “Bajo la lluvia”.

YO YA HE ESTADO AHÍ. FICCIONES DE REPETICIÓN
Autor: Jordi Balló y Xavier Pérez
Editorial: Anagrama
Balló regresó con Pérez para la publicación de este libro sobre las repeticiones seriales.
Se trata de un libro más complejo que los anteriores, pues trata temas más abstractos como “la vida errática”, “la crisis de la identidad”, “los infiernos autodestructivos” o ”el ciclo del amor”. Un estudio multidisciplinario y policromático donde lo que interesa no es el tema, como en las dos pasadas producciones, sino cómo las ideas son estructuradas y presentadas al espectador. Desde esta perspectiva también aborda cánones como las series, sagas y los remakes, entre otros.