lunes, 19 de marzo de 2012

Cine bizarro a ambos lados del charco

Una de esas entradas que suscitan mucha curiosidad: la de hoy. Si, porque hoy os quiero recomendar dos de las películas más extrañas que he visto últimamente y que, según parece, han pasado desapercibidas durante mucho tiempo. Se trata de dos producciones hispanas: una española, otra mexicana, que suponen verdaderas rarezas dentro de la panorámica filmográfica de ambos países. Estaros atentos, conseguirlas no será tarea fácil...

ESPAÑA: ENTRE CRIPTAS Y SOMBREROS DE COPA
La Torre de los Siete Jorobados (1944) es una película de terror fantástico entretenida y original. Ambientada en el Madrid de finales del siglo XIX, esta joya olvidada y rescatada del cine español mezcla elementos de los cuentos de hadas y fantasía con el realismo propio de la época, las criptas misteriosas y polvorientas con los sombreros de copa... En ella, un enigmático fantasma revela a un joven la existencia de una ciudad subterránea habitada por jorobados la cual ha de encontrar para rescatar de ahí a Inés, la sobrina del difunto fantasma.
Onírica e imaginativa, la película resuelve a la perfección todos los flecos de la trama, así como los efectos técnicos que, sin ser una cinta de alto presupuesto, hace gala de un aspecto bien logrado. Atención románticos del cine: el ingenioso montaje del fantasma, como se puede observar en la foto, sumado a lo antiguo de esta cinta, puede recordar a producciones tempranas como La Carreta Fantasma.
El contexto en el que fue rodada, en plena posguerra española, quizás haga comprender por qué esta película ha sido olvidada, como en una estantería, a la suerte del polvo y del paso del tiempo. No obstante, esto le concede un grado más de particularidad y de reconocimiento, pues ha llegado hasta nuestros días intacta: tanto en interés como en calidad.

MEXICO: SI "ÉL", DE BUÑUEL, HUBIESE SIDO "ELLA"
¿Recuerdan la película de Buñuel a la que hago referencia? Su tema, su guión... su actor. Pues bien, cuando terminé de ver El esqueleto de la señora Morales (1959) enseguida me vino a la cabeza cómo Él había sido subvertida y replanteada en esta estupenda película mexicana caracteriza por su humor oscuro, que difumina los géneros del melodrama, el terror y la sátira.
Aquí, como decía, los papeles se subvierten, y ahora el rol de él pasa a ser el de ella... y el plano psicológico del film de Buñuel se entremezcla con otros elementos como las intrigas, el melodrama, el humor y clichés propios del género como los laboratorios, los juicios y los sustos (o las distensiones propias del suspense).
Una película deliciosa y atrevidamente distinta que tarda en olvidarse y que deja un sabor de boca a clásico.

domingo, 29 de enero de 2012

Cuatro años en la Sala

¡Felices cuatro años! Muchas gracias para todos los lectores de este blog: los viejos y los nuevos. Y, por otro año más de cine, como regalo de cumpleaños, he aqui la lista de los diez directores que más me han inspirado acompañados de la que es, para mi, su película más "especial". Muchos directores se han quedado en el tintero pero, gracias a esta pequeña selección, ahora podríamos convertir el séptimo arte en una filosofía ¿Por qué éstos si y otros no? Bueno, quizás dentro de un año sea capaz de rebatir mis propios argumentos. ¡Disfrutad!


CARL THEODOR DREYER: LA PALABRA (ORDET)
Hablar de Dreyer es hablar de Bergman o Murnau y de otros que, como él, sublimaron la imagen del cine y convirtieron historias pequeñas y simples en historias profundas. Dreyer fue el maestro de muchos y La Palabra (Ordet) es una de sus muchas joyas. La fuerza de su voz reside, paradójicamente, en su silencio. Un silencio incontestable. Eterno.

JOHN FORD: EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE
Ford fue un narrador de historias irrepetible. Como Berlanga, no tenía ni idea de técnica cinematográfica, pero nadie hacia unos gran angulares como él. Era capaz de romper un guión el primer dia de rodaje y partir de cero, y aún así sus películas escribieron la (falsa) historia de los Estados Unidos que muchos llevaban años tratando de inventar. En El hombre que mató a Liberty Valance, John Ford nos invita a su western más crepuscular, y es precisamente por lo que elijo ésta película suya, porque ambos (Ford y su película) son así: humanos y nostálgicos. Y por si fuese poco, cuenta con sus dos mejores actores: John Wayne y James Stewart.

ALFRED HITCHCOCK: LA VENTANA INDISCRETA
Otro cuentacuentos impagable era este señor inglés gordito y con ganas de revolucionar el gallinero. Le gustaba contar historias particularmente escabrosas, sobre todo en sitios cerrados, cuando había mucha gente, como un ascensor en hora punta. Y, cuando no estaba provocando desmayos a personajes de la alta sociedad, creaba las películas más divertidas, intrigantes, sofisticadas y redondas del cine. ¡Bien hecho, Alfred!


AKIRA KUROSAWA: RAN
De todo el cine oriental, él siempre fue el rey. Pocos se pusieron a su altura, y ninguno adaptó a Shakespeare como él. Bailó un arriesgado tango entre oriente y occidente, y salpicó todas sus películas con su amor a la cultura, al arte y al teatro. Ran es un compendio de todo esto. Para mi, su obra más personal y sublime.

STANLEY KUBRICK: EYES WIDE SHUT
Tuvo el mundo a sus pies. Contó historias de mil géneros, contó con los mejores actores, los mejores guiones, la mejor música... Su obra es la de un genio: irreverente, arriesgada (para su época y para la nuestra) y, finalmente, triunfante. Eyes Wide Shut, su última película, no es la mejor de toda su obra pero si es un testamento irrevocable, una tesis sobre la pareja, un ahondamiento en la psique humana y lo que sus obras nunca faltó: mucho, mucho ocultismo.

PIER PAOLO PASOLINI: LAS MIL Y UNA NOCHES
El mesías del séptimo arte. Como Sócrates, él también bebió la cicuta y descendió a los infiernos para emerger triunfante. Su vida y su obra están escritas con sus sangre, y ésta sigue siendo bombeada por cuantos corazones marcó, le siguieron y y le siguen pagando tributo. Su famosa trilogía de la vida atravesó los tiempos de Chaucer y de Boccaccio y nos devolvió la fe en el ser humano y la certeza de que solo somos carne de fieras.



WERNER HERZOG: FITZCARRALDO
Un luchador. Un gladiador en la arena de un mundo caótico y poliédrico. Hizo proezas de dioses: persiguió al ser humano en los lugares más recónditos de la Tierra. Lo desnudó y lo mostró ante la naturaleza y, por primera vez, éste se vio pequeño e insignificante. Bailó con las bestias. Conquistó lo inútil y aún sigue convenciéndonos de que el cine no es solo un arte, sino una herramienta. El dia que este abuelete alemán nos deje, nos faltará uno de los grandes y el cine no volverá a ser lo mismo.

HAYAO MIYAZAKI: MI VECINO TOTORO
El maestro de la animación. A diferencia de Walt Dysney, el universo de Miyazaki aún no nos ha defraudado, y nos sigue deleitando tanto a niños como a adultos. Con ojos de niños vimos a Totoro y nos fascinamos de lo bello del personaje. Ahora que somos adultos y contemplamos las sombras, hemos comprendido que el gato es, en realidad, la muerte, que se lleva a los personajes uno a uno al otro mundo. Ahora la película es como nueva para nosotros, y tiene un halo de magia que, como el mago, ha revelado su truco y aún nos sigue fascinando. Y quien consigue semejante proeza es ciertamente un mago... como los padres inmortales del cine.


DAVID LYNCH: MULHOLLAND DRIVE
En su mundo hemos entrado muchas veces. Las pistas no nos ayudan a salir, ni a entender mejor dicho cosmos, sino que le conceden una magia muy especial y personal. Lynch, el zar de lo bizarro, el voyeur que espía desde el armario, o el Mago de Oz, que tras la cortina roja sigue moviendo los hilos de un mundo extraño, enigmático e irradiante de belleza.

LARS VON TRIER: DOGVILLE
L'enfant terrible. El hijo de Bergman y el nieto de Dreyer le han llamado. Nadie a esculpido (o escupido) el cine como él. Su oscuro y retorcido mundo interno de sombras se proyectan en cada fotograma de sus películas, organizadas en trilogías, como las de los grandes maestros. Describió a la mujer y al hombre iguales con palabras de desigualdad. Dibujó los miedos como un niño de cinco años. El eterno incomprendido, el eterno odiado.

jueves, 12 de enero de 2012

Mis joyas del Cine Mudo (IV): La pasión de Juana de Arco

Indudablemente una de las mejores películas de la historia del cine. Un ejercicio magistral sobre el espacio cinematográfico basado exclusívamente en el uso de la cámara y las expresiones faciales de los protagonistas, especialemente de Juana de Arco, interpretada por Renée Jeanne Falconetti y considerada por muchos artistas y revistas especializadas la mejor interpretación femenina de la historia.

Como muchas otras películas de su época, el negativo original de La Pasión de Juana de Arco se destruyó en un incendio. Durante años, su creador, Carl Theodor Dreyer, la buscó por todo el mundo e intentó reconstruirla sin exito. Medio siglo después de su desaparición, una copia en un excelente estado fue encontrada en un depósito en las cercanías de una institución mental de Oslo.

En todo ese tiempo, Dreyer sufrió numerosas crisis personales y depresiones profundas. Pese a todo ello su obra nos ha llegado íntegramente y se le considera uno de los maestros directores del cine, padre cinematográfico de Ingmar Bergman y abuelo de Lars Von Trier.

Pero, por ironías del destino, el maestro murió creyendo que su obra estaba perdida para siempre.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Archivo 10: Diciembre 2011

CALLE MAYOR (Juan Antonio Bardem, 1956)
Hablando con un amigo al salir del cine llegamos a la conclusión de que hay directores que están tan cabreados con el mundo que intentan mostrar su amargor a través de sus películas. Es el caso de Roman Polanski o Lars Von Trier.
Juan Antonio Bardem, sin embargo, ha sido considerado injustamente uno de esos durante mucho tiempo. Lejos de esto, éste director se acercaba más al neo-realismo italiano. Su mito sigue las líneas de las décadas de oro del cine americano, cuando la gente iba al cine para vivir una vida de ensueño y entrar en casas (y cocinas) en las que nunca entrarían en la realidad. Sin embargo, Bardem tiene la insistencia de recordarnos que, en realidad, la vida no es así, y en sus películas el Glam de los actores de Hollywood es sustituido por la cobardía de la gente de a pie.

EL CRÍMEN DE CUENCA (Pilar Miró, 1979)
De todas las películas españolas de los setenta, quizás esta sea de las que más me ha impactado desde Pascual Duarte. De hecho, la historia parece haber sido sacada de una novela española de principios de siglo XX, cuando todo en la vida era precario, y la gente se enfrentaba a su propia existencia con resignación.
Pilar Miró nos ofrece la pasión, muerte y resurrección de la carne en apenas 100 minutos de metraje, algo muy grande y sumamente violento; tanto, que incluso en momentos donde el franquismo estaba ya en vías de superación, siguió teniendo problemas con la censura.

 
MISTER LONELY (Harmony Korine, 2007)
Siempre me ha costado recomendar a Harmony Korine, y eso que me considero un kamikaze de las recomendaciones. No suelo perder amigos por ello, pero jamás los he dejado indiferentes.
Una fábula sobre imitadores de famosos con una chispa de comicidad y un buen chorreón de amargura. Un Harmony Korine “para toda la familia”.
Véanla ¡Se desconcertarán, se sorprenderán! Pero no se la recomienden a nadie. No me gustaría que alguien perdiese una amistad por mi culpa.

CASTAWAY ON THE MOON (Lee Hae-joon, 2009)
Ahora que, por fin, nos hemos empezado a dar cuenta de las trampas que esconde una sociedad aparentemente desarrollada y civilizada, no está de más un visionado de Castaway on the Moon.
La primera vez que oí hablar de esta película surcoreana, vino acompañada de las palabras “muy recomendable”. Ahora se que es muy recomendable, y no solo por lo que acabo de mencionar, sino también por su cuidada estética y su poder visual.
“¡Que se pare el mundo, que me bajo!” decía Groucho Marx, pero lo que nunca llegaría a saber es que una película llegaría a dar un giro de tuerca inesperado a esa frase. El resultado: la historia de dos humanos, náufragos en un mundo inmenso, desconocido y temido, cuyo destino les hará aterrizar en la Luna.
Como diría Wim Wenders, ¡Tan lejos y tan cerca! Una obra de arte en mayúsculas, preciosa, si señor.

LOS SOBORNADOS (Fritz Lang, 1953)
Fitz Lang es un autor que marcó una época. Sus obras llegaron a la maestría y sus años como director marcaron para siempre el mundo del cine. Aún así, muchas de sus cintas han llegado algo deterioradas por el paso del tiempo. Pero este no es el caso de Los Sobornados.
Este aclamado thriller de Lang denota madurez y maestría, así como brutalidad a la hora de relatar los hechos, algunos muy duros, que el director hizo bien al no intentar censurar o edulcorar. Gracias a todo esto, hoy podemos sentarnos en el sofá y disfrutar de un impactante relato que arrasó el mismo año que lo haría “Yo Confieso”, de Hitchcock.


EL EXPRESO DE MEDIANOCHE (Alan Parker, 1978)
Claustrofóbica cinta del siempre introspectivo Alan Parker. Un hombre es detenido en el aeropuerto de Estambul cuando se disponía a pasar varios paquetes de hachís. Seguidamente es acusado de uno de los delitos más graves en Turquía. Entonces emprenderá un viaje delirante y terriblemente inhumano, con una débil esperanza “coger el expreso de medianoche”, un término utilizado por muchos reclusos para referirse a la fuga.
La película, explícitamente montada para compartir el mal trago que pasa el protagonista, está considerada una de las obras cumbres de la filmografía de éste director inglés junto con The Wall.

 
DE DIOSES Y HOMBRES (Xavier Beauvois, 2010)
Ganadora del Gran Premio del Jurado (el segundo premio del festival de cine de Cannes), ésta película narra los difíciles días de un grupo de monjes cuyas vidas, en perfecta armonía con la de sus vecinos musulmanes, se ven amenazados por una ola de terror y violencia.
Sencilla obra francesa; el firme retrato de la valentía y el heroísmo conserva a su vez el humanismo y la candidez. Todo en ella rezuma a respeto y honestidad. El final y la escena de la cena parecen un cuadro en movimiento.

HERO (Zhang Yimou, 2002)
Que Zhang Yimou es, en el cine de hoy, uno de los directores más sensibles y artesanos de la imagen no cabe duda.
Hero es una historia de intrigas palaciegas y grandes batallas libradas con florete de poeta, belleza de leyenda inmortal y magia sin fin.
Un ejemplo de cómo una buena historia nunca puede fallar de manos de un buen director, y menos cuando China puso en sus manos el mejor reparto y la mejor producción.


ESSENTIAL KILLING (Jerzy Skolimowski, 2010)


Essential Killing es una sobria cinta en la que un soldado afgano, interpretado por Vincent Gallo y muy en la línea de sus deprimentes y marginados personajes, escapa de un grupo de presos y se ve obligado a sobrevivir en medio de la nada.
Gallo se mueve con dificultad y torpeza por un mundo en guerra que él desconoce. Él hará honor al nombre de la película, Essential Killing, matando para sobrevivir, llevado por los instintos más primitivos del ser humano. La guerra no es otra cosa, entonces, que una vuelta atrás, una vuelta a una sociedad primitiva y peligrosa, furtiva diríamos, y para nada agradable.
Vincent hace de Vincent. Para sus fans.


DANTON (Andrzej Wajda, 1982)
Wajda volvió a Francia para rodar una de sus películas más representativas y, quizás, entre las mejores valoradas de su amplia filmografía.
Entre sus obras, rezumantes del cine de la propagandística soviética de los años de Vertov, se erige una obra no menos radical y contrarrevolucionaria.
Danton fue un verdadero héroe. Se erigió lenta y dolorosamente entre los líderes espirituales de una revolución contaminada por el mismo terror del cual y por el cual había emergido.
Un biopic extraordinario y altamente recomendable a los amantes de la historia.

viernes, 28 de octubre de 2011

Samuráis, fantasmas y espectros del J-Terror

El terror, entendido como un instinto de supervivencia, fue poco a poco abandonando nuestras vidas a medida que el ser humano avanzaba en su evolución o, incluso, a medida que cada uno de nosotros nos hacíamos mayores.

Ahora el concepto de terror se ha degradado, y muchas veces es mezclado en el mundo de la literatura y el cine con la repulsión y los sustos fáciles. Ya pocos saben entender tan bien aquel sentimiento primitivo gracias al cual nuestra especie ha sobrevivido hasta nuestros días.

El terror es, pues, un sentimiento primitivo, anterior al amor y al perdón e, incluso, anterior a la guerra.

Este año, vísperas de la celebración de Todos los Santos y, por supuesto, de Halloween, os invito a ver tres películas mágicas. Tres cintas que captan la verdadera esencia del horror y de las que muchos directores de cine de terror actual tienen que aprender. Las tres, incluidas entre las listas con las mejores películas de J-Horror (o terror japonés) de la historia, tienen dos elementos en común: los fantasmas (en el tercer caso, el diablo como sombra del rostro humano) y los samuráis.


EL MÁS ALLÁ (Masaki Kobayashi, 1964)

La película de 1964 de Masaki Kobayashi ganadora del Premio Especial del Jurado en el festival de Cannes de 1965 es un ejemplo de cine de terror de buen gusto. Su cámara, sus planos, su fotografía espectral, sus decorados y sus efectos especiales hacen de esta joya uno de los ejemplos más subyugantes ya no del cine de terror japonés o mundial, sino del cine como arte.

Basada en la obra homónima de Lafcadio Hearn, esta película está dividida en cuatro episodios que tienen un común denominador: los fantasmas. Fantasmas como apariciones inesperadas, como seres que vuelven de ultratumba para cumplir sus venganzas o, simplemente, atormentadas almas que vagan entre dos mundos.

En el primer cuento, llamado “El pelo negro”, un samurai que vive con su mujer en la pobreza abandona a ésta para casarse con otra en busca de una vida mejor. Pero pronto se dará cuenta de que sigue enamorado de su primera mujer, y volverá a buscarla. El primer cuento nos introduce de forma sencilla la esencia de la cinta como un todo: es terrible y sutil a la vez, su narrativa, pausada y contemplativa, carente prácticamente de diálogos, lo que supone una atmósfera más propensa al terror.

La segunda historia, “La mujer de la nieve”, aunque más previsible, tiene un poder de atormentar al público mayor que la anterior. El uso de la fotografía, especialmente el contraste de la mujer y la nieve, así como los cambios estacionarios, es absolutamente resplandeciente. La frialdad del terror de Kobayashi encuentra aquí su analogía perfecta con la nieve.

El más largo de los episodios es “El hombre sin orejas”, es una epopeya fantástica que mezcla la fantasía con la historia japonesa (la última batalla entre las dinastías de los Genji y los Heiké). La teatral puesta en escena acompaña unos escenarios y decorados hechos a mano, así como una coreografía de los actores perfecta. Ante semejantes precedentes no es de extrañar que el director tardase cuatro años en preparar la película, pues el resultado es sumamente artesanal y cuidado.

La nota que pone punto y final a semejante maestría es “En una taza de té”, un cuento con el que se quiere explicar por qué muchas obras de la literatura fantástica japonesa están inacabados. Un corto desplegado en unos pocos movimientos, pausados y bien diseñados para encumbrar esta obra, icono del buen gusto por el terror. Una maravilla visual y una atmósfera de horror latente, que se cuela por los poros destapando ese instinto básico del que habábamos al principio.

EL GATO NEGRO (Kaneto Shindô, 1968)

Cuatro años más tarde de haber realizado Onibaba (tercera película de este artículo, la cual desarrollaremos más tarde), Shindô repitió suerte con ésta cinta que posee ciertas reminiscencias al cine de vampiros y pone en escena un tema que a esas alturas de los sesenta era crucial en occidente: el feminismo.

Una joven y su nuera, que viven en un bosque de bambú, son asaltadas y violadas por un grupo de samuráis. A su muerte, un extraño gato negro aparece entre los cadáveres. Más tarde, unas mujeres de aspecto similar a las anteriores se aparecerán entre los troncos del bosque a los samuráis, buscando venganza.

El gato negro al que la película hace referencia es lo que en la mitología japonesa se conoce como un bakeneko, literalmente “gato monstruoso”; un felino que adopta habilidades sobrenaturales como caminar sobre dos patas, volar o, incluso, resucitar a los muertos o controlar a los cadáveres como si fuesen marionetas.

Muchas otras películas japonesas se han nutrido de leyendas como ésta en sus películas pasando totalmente desapercibidas como el famoso Studio Ghibli (Mi vecino Totoro, Haru). No obstante el enfoque aquí es de “paranormal”. La puesta en escena de los fantasmas es muy cuidada, y no restan credibilidad al film, como ocurre recientemente con las películas niponas de género, sino más bien todo lo contrario. Siendo la más pausada de las tres, el discurso no pierde fuerza, y no deja escapar la impresionante atmósfera espectral que crea.

ONIBABA (Kaneto Shindô, 1964)

Estrenada cuatro años antes que El Gato Negro, Onibaba crea una historia y, con ella, un universo mucho más simple que las anteriores. Aquí todos los elementos (la luz, los juncos, el agujero, los sonidos y los actores) se muestran tal y como son y nada es fruto del azar, o la imaginación, sino de un constante movimiento y de efecto acción-reacción.

El fondo físico de la cinta, a priori poco profundo, contrasta con la profundidad los temas que tratan: el deseo, la lujuria, el miedo, las supersticiones, la envidia… la guerra. El escenario de Onibaba es un teatro visual donde no solo la boca de sus protagonistas hablan, sino también sus poros cuando sudan, sus miradas cuando cortan la luz en penumbra, las intenciones, que se refugian entre un largo campo de juncos, entre la oscuridad de la noche o la lluvia. En los juncos se materializan las acciones de los personajes y curiosamente aquí es donde surgirá el fantasma que a todos persigue: el demonio, el mal, la eterna sombra del ser humano.

Onibaba es otro término referente a la mitología japonesa. Se trata, esta vez, de un demonio o fantasma con aspecto de anciana que, enferma de locura, suele mostrar otra apariencia para despistar a los visitantes.

La película, al igual que la anterior, tiene por protagonistas a una mujer y su nuera, a la cual envidia por su éxito con los hombres. Con el trasfondo de una guerra, los sentimientos y las necesidades quedan siempre al descubierto. La penuria humana es el viento que hace girar este molino infernal en el que los miedos compiten entre si.

Onibaba tiene la firme convicción de que no es necesario ir al más allá para encontrarse cara a cara con el diablo.

El cine de terror japonés es, sin duda alguna, uno de los que más le deben a éste género. Sus historias reflejan un conocimiento preciso de la psique humana, de aquello que los habitantes de este mundo temen; la perfección en el manejo de la cámara, en el uso de la escenografía, revela la maestría del teatro que llevan dentro. El sonido es siempre diferente a la de otras cinematografías. Estas tres últimas carecen de música y, en su lugar, han sido sustituidas por una banda sonora basada en ruidos y sonidos que, en éstos tres ejemplos del cine de terror japonés, ayudan a la claustrofóbica y etérea atmósfera que sus directores tan bien saben crear.


El sabor es netamente oriental, pero en todas ellas se palpa Shakespeare, se palpa Hamlet o El Rey Lear; se palpa Boccaccio, se palpa la fría ironía y el humanismo del cuento moral. Se palpa, realmente, el horror.

domingo, 16 de octubre de 2011

Los 7 pecados capitales en el Cine

ENVIDIA

Sonata de Otoño (Ingmar Bergman, 1978)

¿Acaso no se basa la felicidad de una madre en la infelicidad de su hija? Duras palabras que una hija profiere a su madre. Unos sentimientos que se descubren como termitas que corrompen por dentro. ¿Acaso no es la felicidad de una hija motivo de envidia?

Las relaciones entre seres humanos siempre ha sido clave en el entendimiento del cine del sueco Ingmar Bergman. El tormento en silencio y posterior estallido en tormenta es un recurso bastante recurrido en sus películas. En esta, particularmente una de las más inquietantes, ese tormento es la envidia y la tormenta el odio y la culpa.


AVARICIA

El tesoro de Sierra Madre (John Huston, 1948)

En un viaje lleno de peligro, la avaricia será el mayor problema al que los protagonistas se enfrentarán. Bogart en la cúspide de su carrera, como siempre, y en una película de aventuras al más puro estilo del género. Una delicia para una tarde de domingo y una lección de humildad y de prudencia, pues cualquiera se puede “contagiar” con el virus de la avaricia.


LUJURIA

El Imperio de los Sentidos (Nagisa Oshima, 1976)

Esta película de 1976, y de la que hemos hablado ya en otra ocasión en este blog, representa claramente la necesidad de un país de salir de sus convencionalismos.

Al director le aseguraron distribución en Europa, pero aún estaba por ver qué actriz querría jugarse su vida profesional y personal a una simple tirada.

La historia ofrece imágenes explícitas y todo tipo de parafilias que rompieron los moldes de una época en la que la simple aparición de un miembro genital era severamente castigada por la ley en su país. Aquí, en la película, todo se muestra en exceso, como parte de la historia en que la lujuria ahoga literalmente a los protagonistas.


SOBERBIA

El Crepúsculo de los Dioses (Billy Wilder, 1950)

Una metáfora sin precedentes en la historia del cine. Gloria Swanson es en esta película, para muchos, la mayor representación de la soberbia desde Ciudadano Kane. Su cara, inmortalizada en el cartel original, es la indudable mirada de dicho pecado capital. Swanson da vida a una mujer anclada en el cine mudo y que quiere saltar de nuevo a la palestra, rompiendo el silencio y la falsa tranquilidad de un escritor acosado por sus acreedores.


GULA

La Gran Comilona (Marco Ferreri, 1973)

Esta sátira de Ferreri bien podría encontrar su paralelismo en la película póstuma de Passolini: Saló, ya que ambas recurren a los dañinos excesos de la clase alta o media-alta y en la constante provocación al espectador.

En la película que nos ocupa, cuatro burgueses deciden suicidarse encerrándose en una casa rodeados de comida y de mujeres. La lujuria es la intrusa aquí, pero para cuadrar bien nuestras cuentas la película compara a las invitadas con otros platos de carne que los comensales degustarán, si es que se puede utilizar este término en el pecado capital del que hablamos.


IRA

Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)

Ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 1976, ésta película de Scorsese encumbró al genio y obsequió a los espectadores de medio mundo de imágenes estremecedoras. Metafóricamente, las ventanillas de un taxi nos muestran los retazos de la violenta vida que se respira en las calles de una Nueva York agotada y nocturna. La ira surge como parte del retrato que plasma a un ser antisocial y con ciertos trastornos.


PEREZA

Los Inútiles (Federico Fellini, 1953)

Pese a que Fellini nunca fue considerado como uno de los realizadores principales del neo realismo italiano, si que bailó en ciertas ocasiones con dicho género, como en ésta película.

El neo realismo siempre se basó en la queja social, en la denuncia internacional de mediados de siglo XX que surgió en Italia de manos de directores como Rossellini, Visconti o Vittorio de Sica. En éste pretexto social se enmarca el pecado de la pereza, que el siempre eficiente Fellini supo trasmitir de la mano de sus “inútiles” o de sus “vitelloni”, título original y cuya traducción más literal sería “zángano”.

Una moraleja social que nos relata la historia de unos amigos que viven parasitando de sus familias y eludiendo todo tipo de compromiso. En un epílogo fortuito, uno de los protagonistas monta en un tren, mientras se nos muestra imágenes del resto de los amigos durmiendo apaciblemente en sus camas.


LOS 7

Se7en (David Fincher, 1995)

Si hay que justificar todos los excesos para no dar nada “gratis” al respetable, Se7en, de David Fincher, cumple todas nuestras expectativas.

Atractiva y sólida, violenta, cruel y a la vez sumamente eficaz en su discurso, Se7en pasará a la historia como una de las pocas películas de su estilo que logró vencer todo tipo de formalismos y clichés comerciales para convertirse en todo un clásico y la obra cumbre de un director, por aquel entonces, con una filmografía muy escasa.

La forma en la que los pecados capitales van encajando hace de ella un puzzle perfecto con unas piezas difíciles de olvidar.

sábado, 23 de julio de 2011

EL MEJOR DIRECTOR DEL MUNDO

Hay directores que piensan que son los mejores del mundo. Y hay otros que lo piensan y se lo callan hasta que un cretino periodista le pregunta que justifique su película. Entonces lo sueltan:


"No necesito justificar nada, soy el mejor director del mundo"



Es el caso del danés Lars Von Trier, que desafió a un periodista hace dos años en la presentación de su película "Anticristo" en el Festival Internacional de Cine de Cannes.


Su irreverencia y sus salidas del tiesto causadas, en parte, por problemas personales le hacen ser "El Genio Loco" que dirige sus películas con su propia psique. Nietzsche afirmaba que el mejor artista o el mejor autor es aquel que firma su obra con su propia sangre.


Pero, en serio, ¿Quién es el mejor del mundo? Para muchos lo es Lars, para otros Tarantino, para otros... en fin... Cada uno expondrá sus puntos de vista. Unos se complementarán con otros y todos serán incompletos.


La mejor argumentación hasta la fecha la expone una página web inglesa que da 50 razones de por qué STANLEY KUBRICK es el mejor director del mundo. Y es posible que lo sea. Antes de ver la página yo tenía mis propias sospechas de que, en realidad, era él, y no el danés loco. ¿Cuales eran mis propias razones? Pues bien:


-Ha dirigido películas en diversos géneros y ha hecho obras maestras y de culto en todos ellos. Lo primero ya es un mérito de por si, la mayoría de los directores se limitan a un solo género y no se atreven a experimentar.


-Superó las novelas de las que partía


-Destapó ampollas, como el danés, pero Kubrick fue más arriesgado y justificado: la guerra fría, la revolución sexual, el triunfo del liberalismo democrático que posteriormente se convertiría en el "Neoliberalismo"... Supo bien cuándo poner el dedo en la herida.


-El contenido de sus películas era sumamente profundo. Fue el mejor psicoanalista, psicólogo, humanista, militar, científico, filósofo... ¡La misma NASA y altos mandos del ejército se sorprendían de la información que manejaba en sus películas!


Finalmente Kubrick es la contraposición del amigo Von Trier: "El Genio Cuerdo" que domina todos los procesos de producción haciéndose así con el control de la película, mientras que al segundo es la película quien le domina a él. Y sin más preámbulos, os dejo con la página. Disfrutadla y que esto sirva para revisar los viejos clásicos de este inglés formidable: UN GENIO





PEQUEÑO APARTADO:


Un genio nunca es genio al 100% de su capacidad. De hecho, hubo cosas que le faltaron a Kubrick para rozar la maestría. Una de la que más echo de menos es que hubiese escrito él sus propios guiones originales. Esto es: crear sus propias historias grandiosas. Pero esto, normalmente, es más típico del primer tipo de directores de los que hemos hablado: los locos.