miércoles, 9 de octubre de 2013

Mis joyas del Cine Mudo (VI): Garras Humanas (The Unknown)


Esta es la gran obra olvidada de Tod Browning. Estrenada en 1927, en los últimos años del cine sonoro, Garras Humanas bebe directamente del macabro y escalofriante terror circense por el que el director se hizo célebre gracias a Freaks, la Parada de los Monstruos, en 1932, pudiéndola considerar, incluso, la antesala de la misma.


Está ambientada en Madrid, en un antiguo circo gitano donde se esconde Alonzo, (Lon Chaney, “el Hombre de las mil caras”), un bandido que esconde un terrible secreto. Le acompañan un elenco de personajes realmente carismáticos, entre los que destaca Cojo, un confesor y amigo que comparte un curioso parecido con Sancho Panza. El personaje de Alonzo es, en definitiva, uno de los más significativos de la carrera de Chaney, actor por otro lado acostumbrado a soportar terribles dolores cuando interpretaba a villanos o antihéroes tullidos o deformes, como en el caso de El Fantasma de la Ópera (1925).

sábado, 21 de septiembre de 2013

La Tetralogía del Poder, de Aleksandr Sokurov

Aleksandr Sokurov es un director ruso vanguardista e independiente, autor de abstractos y reflexivos dramas para los que utiliza muchas veces un marco histórico y una estética bastante característica. Se podría decir que, para muchos, Sokurov es el actual depositario de la filmografía de Andrei Tarkovski. Sin embargo, mientras este segundo se centra más en el plano metafísico, Sokurov se deshace de lazos místicos y existenciales y se centra en lo humano, en lo terrenal. Y esto queda demostrado sin lugar a dudas en una de las porciones más suculentas de su amplia filmografía.

La Tetralogía del Poder, como así se conoce este conjunto de cuatro filmes que ahora nos disponemos a analizar, se puede dividir en dos partes: la primera, una trilogía basada en tres personajes históricos del siglo XX en los que el poder está claramente identificado. Hitler, Lenin y el emperador Hirohito son los personajes claves de Moloch (1999), Taurus (2001) y Sol (2005), respectivamente. Por último, una cuarta película a modo de conclusión o broche fue estrenada en el Festival de Venecia seis años más tarde de haberse realizado la tercera entrega de la saga. Esta cinta llamada Fausto (2011) y dedicada al personaje homónimo le reportó el León de Oro en el Festival de Venecia además de otros premios en diversos festivales europeos.

Sokurov tiró de su formación como historiador para deshacerse de la visión mitológica de estos personajes y centrarse en una faceta más humana. Hitler, Lenin, Hirohito y Fausto son representados en su obra como seres degradados y sórdidos, rodeados de un cosmos ante el cual se muestran ridículamente humanos. Todos ellos han cruzado ya el umbral de la madurez, han alcanzado el poder y la gloria de las estrellas o, al menos, ese que se cuenta en los libros de texto, y ahora se encuentran en su fase crepuscular.

***

En Moloch (1999), Hitler llega a su remoto refugio El Nido del Águila donde su amante, Eva Brown, le espera. Acompañando a éste llegan sus más fieles colaboradores. Todos se disponen a pasar unos días de descanso, comidas y paseos por la montaña. Por momentos parecen surgir sombras entre ellos: envidias, celos, discusiones absurdas y escenas grotescas. Así, Sokurov dibuja un cuadro oscuro donde sitúa un dictador decadente e infantil, que nada o muy poco se corresponde con la imagen del temido líder que puso al mundo entero en jaque.


Los títulos de las películas de esta saga tienen un papel fundamental a la hora de entender el enfoque que el director pretende mostrar. En este primer caso se hace referencia a una tenebrosa deidad de orígenes fenicios asociada con la oscuridad y el fuego como poder purificante. Artífice de los hornos y cámaras de gas que llevaron a la muerte a millones de personas en la Europa del siglo XX, Hitler soñó con una sociedad “purificada” de razas ajenas a la aria. Por otro lado, su ambiguo ideal religioso le llevó a los lugares más recónditos de la tierra buscando probar sus estrafalarias conjeturas. Esta faceta ocultista del dictador también está recogida por el título.

La segunda entrega, Taurus (2001), gira en torno a los últimos días de vida de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, al que el director filma en su lecho de muerte, rodeado de sus seres más allegados. En la película de Sokurov, Lenin es un anciano confundido y apagado, como entre dos mundos, que no comprende lo que ocurre a su alrededor. Su retrato, de nuevo humanizado hasta un estado de decrepitud, nos muestra al líder de la revolución rusa con los pantalones bajados mientras lo duchan y mientras él intenta recuperar su dignidad por medio de la razón y la lucha física: “Puedo yo solo”.



Haciendo referencia a su signo del zodiaco, el título de la película sintetiza la idea del toro: un ser bravo, temido y racional. Pero, de nuevo, Sokurov no despega los pies de la tierra y, lejos de conjeturas astrales, la imagen del toro que simboliza a Lenin es esa del animal predestinado a la muerte, condenado al sacrificio. El anciano mira al cielo  mientras se pregunta qué pasará cuando él no esté.


(arriba, imagen de la película de Sokurov; abajo, una fotografía del mausoleo de Lenin)

Por último, Sol (2005) es la propuesta más interesante de esta primera parte de la tetralogía. Esta entrega narra el momento en el que, estando la II Guerra Mundial perdida, Hirohito, el último emperador de Japón, tiene que tomar una doble decisión: en primer lugar, el reconocimiento de la derrota ante los rivales americanos; en segundo lugar, la renuncia a su condición divina. Hirohito fue uno de los dictadores más poderosos del siglo XX, de eso no cabe duda, y en su país era contemplado como un auténtico dios. No obstante, por tercera vez se nos muestra el lado más humano del ser absoluto. En sus momentos de intimidad, Hirohito se deleita con sus álbumes, contemplando fotos de las estrellas de Hollywood a las que admira. Todas ya estrellas caducas. Chaplin, nombre con el que se le conocía en algunos círculos a Hirohito, también está entre ellos. Este distendido momento aborda doble paradoja: por un lado, el hecho de que una persona considerada absoluta mire hacia arriba para contemplar a gente admirada; en segundo lugar, que las personas a las que admira sean americanos, los grandes rivales del imperio nipón.

De nuevo, el título de la película esconde una cruel ironía para su protagonista. El Sol es un símbolo cósmico de grandeza, poder e iluminación, pero también es un símbolo de soledad. El Sol de la película de Sokurov es un astro solitario y crepuscular, una perfecta analogía del estado del emperador, pues esta es una película sobre la soledad y la distancia del poder con la realidad. Hirohito mira fotos en su álbum inconsciente de que, como esas estrellas de su colección, él pronto formará parte de ese cosmos del pasado.

La soledad del emperador se pone de manifiesto a través de diversas estrategias que utiliza el director. Una es la técnica. En el cine, comúnmente se asocia el plano general con el público y las grandes masas, el plano medio con un entorno más familiar y, por último, el primer plano con un efecto personal, íntimo e introspectivo. Pues bien, Sokurov tira del plano general para revelar la soledad del poder que sufre Hirohito al verse solo en grandes espacios y, en segundo lugar, utiliza primer plano para mostrar las arrugas, el sudor y la tensión de los músculos de la cara del emperador. Su situación personal e íntima.

Por otro lado, cuando el emperador sale de su refugio para acudir a una esperada cita con el general Douglas MacArthur, desde su coche se expone al exterior. Ese lujoso coche simboliza el aislamiento de su persona, en perfecto contraste con la realidad del mundo exterior. A través de la ventanilla es testigo de las duras condiciones en las que su pueblo vive. El interior de un edificio cuyas paredes han sido derrumbadas muestra algunas de ellas; esta imagen es claramente metafórica, algo así como dejar literalmente la realidad al descubierto.


Como una extensión de la metáfora del sol, también se menciona en la cinta la aurora boreal, la luz en la noche. El emperador, ya habiendo bajado de su altar, comienza a soñar con la posibilidad de reencarnarse, de vivir cuando su sol deje de brillar, de vivir en la noche. En consonancia con esto, podríamos recordar que tras la caída del imperio, Hirohito siguió gobernando otros 44 años de forma simbólica.


Uno de los rasgos más destacables de la trilogía es la caracterización e interpretación de los personajes principales. Sin embargo, quizás sea esta en particular la más destacable y curiosa, pues aún en la época en la que fue rodada, representar al último emperador japonés era todo un tabú. El nombre del actor (Issey Ogata), paradójicamente un actor cómico en su país, se mantuvo en secreto hasta su estreno en Berlín por miedo a un atentado por parte de nacionalistas japoneses.

En este sentido, nos puede llamar la atención sus labios, continuamente abriéndose y cerrándose como si quisiese imitar a los movimientos de un pez, símbolo cargado de gran significado en la cultura nipona en general y en la película en particular. Estos tics dificultan al espectador sincronizar los movimientos físicos de su boca con las palabras de su discurso. Otro  factor a tener en cuenta es el idioma: Hirohito se somete al inglés, el cual habla sin dificultad, dejando de lado la lengua imperial. Así queda expuesto como un pez fuera del agua. Durante la ya mencionada entrevista con el general americano, éste le hace referencia a un pez japonés. Hirohito es una metáfora de ese pez que ha caído en manos de los americanos.


Estas tres películas son, en realidad, como fotografías en movimiento: lentas, frías, casi estériles. Fotografías de grandes personajes en momentos íntimos. En la paleta de Sokurov hay colores pálidos, el blanco y negro y otros ocres haciendo referencia a las películas de la época al que los respectivos momentos históricos hacían referencia (la Rusia de los años 20, la Alemania de los años 40…). Sus imágenes recogen momentos íntimos, como Eva Brown desnuda, paseándose por los pasillos del refugio alpino, Lenin en la cama con su mujer o Hirohito escribiendo una carta a su hijo mayor. Ya no hay rastro de los enormes despliegues de poder y masas que circulaban por el mundo entero. Ahora, las estelas de estas estrellas fugaces se difuminan y sus sueños son trasnochados: Hitler anhela conquistar la muerte, Lenin delira pensando en operaciones matemáticas e Hirohito espera recuperar a su familia y poder dedicarse a lo que más le gusta: la biología marina.




***

En entrevistas, Aleksandr Sokurov afirmaba: “los caracteres humanos son interesantes, pero los de los dictadores no me fascinan nada”. Una vez superada la trilogía, en el año 2006 el director repitió la fórmula rompiendo algunas de sus propias reglas. Dejando de lado la historia contemporánea, el reto ahora era reflejar un ser legendario en la pantalla eliminando al mito y centrándose en lo humano.

La dificultad principal de Fausto (2006) es obvia. Fausto es un personaje que ha vivido durante siglos en leyendas y en la literatura oral. Del personaje histórico apenas se tienen datos, con lo que su reconstrucción humana fue todavía más difícil que lo que ya había hecho anteriormente con Hitler, Lenin e Hirohito.

Fausto, además, rompe totalmente con la estética anterior de la saga. Mientras que en las tres películas anteriores hablábamos de fotografía, en esta las referencias se hacen a un arte más antiguo: la pintura (Rembrandt) y a la filosofía. En la primera escena, dos hombres sucios y desaliñados que parecen ser cirujanos buscan afanosamente entre los órganos de un cuerpo humano. Al cabo de un rato desisten. Ni rastro del alma humana. El resultado de la batalla entre ciencia y fe parece claro y tajante desde el principio.


(arriba, una imagen de la película; abajo, "La lección de anatomía del dr. Nicolaes Tulp", de Rembrandt)

El Fausto de Sokurov es, al igual que los tres líderes, un ser de carne y hueso, lleno de dudas y temores. En la primera imagen, un plano aéreo de la ciudad donde el protagonista vivía, se esconde la primera pincelada de la obra que parece decirnos: “aquí vive Fausto, un hombre culto en un mundo pobre, sucio y pesimista”. Su encuentro con el diablo no es más que la frustración del suicida. El diablo, representado en la película como un hombre despistado y obtuso, acaba bebiéndose por error la cicuta que Fausto iba a ingerir para poner fin a su insatisfecha vida.

viernes, 30 de agosto de 2013

Fuera De Plano (1): Nubes en el rodaje de Lars Von Trier.

(de izq. a dcha.: Catherine Deneuve, la artista islandesa Björk y Lars Von Trier durante el rodaje de "Bailar en la oscuridad")

Esta foto tomada durante el rodaje de la película “Dancer in the dark”, ganadora de la palma de oro en el festival de Cannes en el año 2000, muestra un momento de cercanía entre las actrices principales y el director. Pero lo cierto es que dicho rodaje fue recordado por las tensiones y la relación conflictiva que surgió entre Lars Von Trier y la cantante islandesa. Si apelamos a la personalidad y al temperamento de ambos individuos, a nadie le debería de extrañar que, por ejemplo, la actriz llegase a desaparecer del rodaje durante tres días sin que nadie supiese de su paradero.

Este no fue el único caso de una actriz que terminase mal con el realizador danés. Tan solo tres años más tarde, tras el rodaje de Dogville, la primera película de su trilogía Americana, Nicole Kidman juró que no volvería a trabajar con Lars. Así que este tuvo que recurrir a una nueva actriz (Bryce Dallas Howard) para dar continuidad a su personaje, Grace, en la segunda parte de la saga.


Pero no todas sus actrices le han acabado rechazando. Al igual que Hitchcock, Lars tuvo detractoras, pero también amigas fieles como Charlotte Gainsburg, con la que sigue colaborando proyecto tras proyecto, o Catherine Devenue, que fue de las primeras en salir a dar la cara por el director después de sus polémicas declaraciones en el festival de Cannes de 2011, donde una broma mal hecha le llevó a decir delante de la prensa que “entendía a Hitler”.

viernes, 26 de julio de 2013

Cine en páginas: vol. 5 y 6

IMÁGENES
Autor: Ingmar Bergman
Editorial: Tusquets Editores
Ingmar Bergman, además de su amplia filmografía para cine y televisión, también encontró en  la literatura un rincón de expresión y creatividad. Escribió unas memorias (Linterna Mágica), tres novelas (entre la que cabe destacar Niños del Domingo) y este “diario de rodaje” donde removía los fantasmas que le llevaron a dirigir algunas de sus películas más célebres y otras no tan reconocidas. Este libro está dividido por temas y películas y ayuda a comprender los deseos y temores más íntimos de su director y cómo estos fueron plasmados en imágenes.


EL CASO PASOLINI, CRÓNICA DE UN ASESINATO
Autor: Gianluca Maconi
Editorial: Gallographics
Un sincero homenaje al director italiano donde se recrean en cómic y en unas pocas líneas cronológicas las horas previas a su polémico y misterioso asesinato. Las páginas, los dibujos y los bocadillos están cargados de melancolía y filosofía, propia de su director, y de una incierta mirada de ambigua esperanza  en la humanidad. El retrato de Pasolini es fiel al mito que recuerda: una mezcolanza difusa entre hombre y mesías.

“Añoro la revolución pura de la gente oprimida que tiene el único objetivo de volverse dueña de sí misma”.

martes, 14 de mayo de 2013

10 Reseñas: Mayo 2013


HITCHCOCK (Sacha Gervasi, 2012)
No es una gran película ni pasará a la historia, pero si es un simpático y emotivo guiño a la figura del director. Como fiel seguidor del maestro del suspense, nunca me sentí defraudado al ver esta cinta.
Su carisma reside en la humildad del retrato de Hitchcock y lo absolutamente sublime de su interpretación por un Anthony Hopkins irreconocible. Cargada de anécdotas y llena del célebre humor del director que, con el doblaje, muchas de sus bromas se disolvieron.
Divertida y simpática.
***

EL CAZADOR (Michael Cimino, 1978)
El gran tratado sobre la amistad y la guerra que quedó sellado para siempre con la magistral escena de la ruleta rusa. Un onírico sentimiento que más de uno ha tenido, al ver transformado por completo a la persona a quien bien creía conocer.
Ideologías y sentimientos llevados al extremo.
Un día escribiré un artículo donde exponga el lugar privilegiado que tiene la palabra “caza” en el mundo del cine…
****1/2

LAS TORTUGAS TAMBIÉN VUELAN (Bahman Ghobadi, 2004)
Tierna y, a la vez, desgarradora historia sobre los verdaderos afectados de la guerra: los niños. Si bien aparecen adultos, se podría decir que el reparto está integrado exclusivamente por niños. Así se les dibuja ejerciendo labores de adultos (como proveer productos o cuidar otros niños), mientras que a los adultos se les ve ociosos y, simbólicamente, como meros espectadores de su propio juego.
Dura, pero genial. Pese a lo brutal de su tesis, en ella sigue cabiendo esperanza y fe en el género humano.
Se alzó con la concha de oro en San Sebastián en 2004.
****

SILENCIO ROTO (Montxo Armendáriz, 2001)
Montxo Armendáriz en uno de sus mejores momentos, narra una historia de amor en plena postguerra. La desolación de los personajes se comunica con la desolación del paisaje, frío y húmedo característico de las montañas del norte de Navarra. Naturalista y hermética, Silencio Roto es una de esas pocas películas que aún caen en blando en el ya atiborrado y engordado género de la Guerra Civil española.
***1/2


LA HIJA DE RYAN (David Lean, 1970)
Una de esas largas películas de David Lean que, como Doctor Zhivago, pueden hacer de las tardes de los domingos ratos inolvidables. Personajes humanizados y ambiguos y las playas como testigos silenciosos de un comprometido triángulo amoroso.
Uno de llamados últimos clásicos, un relato complejo con un punto de partida aparentemente sencillo: el cuerpo y la mente de una chica joven, en plena efervescencia, en una sociedad dogmática y opresiva. Este cambio brusco de matices son recogidos sensacionalmente por la cámara de Lean, que los retrata en perfecta armonía, como si de un cuadro se tratase.
*****

SUMMER WARS (Mamoru Hosoda, 2009)
Clásico moderno del anime de ciencia ficción. Una mezcla extraña y curiosa de cine adolescente y ciencia ficción que trata un tema que más tarde haría popular a la serie de televisión Black Mirror: el pujarte y amenazante avance de las nuevas tecnologías en nuestra sociedad, aparentemente segura y bien estructurada.
De imprescindible visionado para todo el amante del género. Se alzó con el premio al mejor largometraje animado en el festival de Sitges en 2009.
***1/2

PERSIGUIENDO A AMY (Kevin Smith, 1997)
Entre toda la filmografía de Kevin Smith destacaría Chasing Amy. Una lúcida comedia (recordemos que éste es un género débil, no hay muchas comedias buenas) sobre la amistad y las relaciones de pareja con muchos chistes, muchas palabrotas (al estilo americano) y, sobre todo, mucha transgresión en temas que, por aquel entonces, finales de los 90, aún constituían verdaderos tabúes en la televisión y el cine americano.
Muy divertida.
***1/2

UN DIOS SALVAJE (Roman Polanski, 2009)
Una película que todos los padres deberían de ver. El argumento es sencillo: dos matrimonios se reúnen para charlar sobre la pelea que han tenido sus hijos recientemente. Siguiendo el estilo de Polanski, irónico y cruel a partes iguales, los padres acaban quitándose las máscaras y mostrando que tienen el mismo problema entre ellos que sus propios hijos. Una fábula magistral sobre el comportamiento del ser humano y de las familias, y que hace una lectura a la inversa del refrán “de tal palo, tal astilla”.
***

ARRUGAS (Igancio Ferreras, 2011)
Simpática (y durísima) adaptación del cómic homónimo. Una animación sencilla en Flash que alberga una historia compleja y brutal sobre la ancianidad y el desamparo. Sin duda de lo mejorcito del género… hasta que llegó Michael Haneke con su “Amor”.
Pese a todo, esta divertida cinta nunca pierde el sentido del humor que traspasa la convención del chiste fácil para trasgredir con los estereotipos y engatusar con el clásico sabor del realismo mágico (atentos a la escena de la mujer que viaja en el Orient Express).
****1/2

ARGO (Ben Affleck, 2012)
La última película de Ben Affleck, una figura que recibe más críticas positivas por su faceta de director que por la de actor. Esta vez se alzó en los oscar con el premio más importante de todo el palmarés: la mejor película, “entregado” por Michelle Obama.
Pero vayamos con calma: la trepidante y frenética historia, en parte debido al mérito del montaje, se vende sola en los mercados americanos. Su historia y el ritmo es precisamente el propio del cine americano moderno, todo en su justa medida e, incluso, se permite alguna crítica al gobierno del tío Sam. En efecto, este es un gran punto para comprender que debajo de todas esas toneladas de acción y suspense brutal sabor cien por cine americano, quizás haya cabida para la subversión y crítica del sistema. O puede que no.
En definitiva: una película muy entretenida que coge lo mejor del género y lo combina hábilmente para, así, llevarse merecidamente su recompensa final: el premio a la mejor película. Y apunto: los oscar no son Cannes, gracias a Alá.
***1/2





jueves, 14 de marzo de 2013

Sympathy for the creature


DE LA LITERATURA AL CINE

Frankenstein es una de las obras cumbre de la literatura gótica inglesa, y también es una de las más estudiadas y adaptadas. En sus diversos enfoques ha demostrado su profundidad la cual ha traspasado años, escenarios, temas y personajes.


En la historia que nos ocupa, Víctor Frankenstein es un científico que desafía a toda convención natural y crea él solo (y simbólicamente sin una figura femenina) a un ser viviente uniendo distintos trozos de cadáveres humanos. Hombre de ciencias y de la ilustración (época en la que se escribió y publicó el libro) Víctor recibe un duro golpe a su orgullo cuando se percata de lo horrendo de su creación; es entonces cuando lo desprecia sin medir bien las consecuencias de tal acto. Pero ya es demasiado tarde: el monstruo ha sido creado y, como todo ser humano, va adquiriendo cualidades humanas como la necesidad de vivir en sociedad y sentimientos como el cariño y la amistad. Finalmente, en su mensaje irónico y cruel, el desprecio que encuentra en la sociedad hace que se nutra de otros sentimientos igualmente humanos como el odio o la venganza.

Y es así cómo sintiéndose solitario en un mundo que le da la espalda comete el más horrendo de los crímenes: matar a un niño.

Aún así el monstruo logra hablar con su creador y, dirigiéndose a él desde la razón, hace que éste y todos los lectores sientan momentáneamente compasión por él. Aquél que no tiene nombre, cuya creación ha sido en sí una violación de toda norma natural, se defiende diciendo que él al principio era bueno, pero fue la sociedad la que le empujó al mal.

Esta escena ha sido revisada por cineastas en multitud de ocasiones. El monstruo no es malo, la sociedad lo es, que ha sido la que lo ha creado y la que, después de todo, lo ha repudiado. Esto no solo ocurría en la sociedad de Shelley sino que, además, se ha ido perpetuando con el tiempo hasta nuestros días, y el cine sigue recogiendo el mensaje aún actualizado de la escritora inglesa.


APOLOGÍA DEL MONSTRUO: “M”

En 1931 otro visionario europeo (esta vez alemán) creó una de las obras cumbre del recién nacido cine sonoro que se adelantaría a todo acontecimiento científico. En su película M, el vampiro de Düsseldorf, Fritz Lang seguía los pasos de otro monstruo: el de un asesino de niñas al cual la policía busca desesperadamente. Como no se conoce su nombre (como en el caso de Frankenstein) se le llama de muchas formas (monstruo, criminal, diablo…) y finalmente se le etiqueta con una “M” de “Mörder” (Asesino). El asesino es mudo durante toda la película pero, al fin, como la criatura de Shelley, consigue defenderse ante un tribunal utilizando unas palabras hasta la fecha inauditas: en el tiempo en el que se estrenó la cinta la ciencia aún no había avanzado lo suficiente para declarar a un criminal “enfermo mental”, y esas son precisamente las palabras que él utiliza para exculparse entre una multitud que espera impaciente para lincharlo.

Peter Lorre, estupendo en el papel que le serviría de trampolín para su carrera, solo consigue articular unas pocas palabras entre sollozo y sollozo de desesperación: “tengo que circular por las calles, huyendo continuamente, hay alguien que me persigue… ¡Y soy yo mismo, me persigo! Quiero escapar de mí mismo”. Retomando la novela de Shelley, Victor persigue a Frankenstein por los fríos y recónditos parajes del polo norte. Allí se recrea una curiosa lectura alegórica de la novela: creador y criatura se persiguen, pero son la misma persona: Víctor no solo ha viajado tras la criatura, sino también en busca de sí mismo. De este modo, sus destinos y sus muertes están ligadas y son paralelas y, curiosamente, sus nombres se confundirían con el paso del tiempo: Frankenstein ¿creador o ser creado? Esta historia de desdoblamiento de la identidad no es original, ni muchísimo menos, en la historia de la literatura, pero inyecta a la novela de Shelley y a la película de Lang un toque de locura que, en el segundo caso, se atribuye a la enfermedad del criminal y, en el primero, a su ansia megalómana por entender el orden de la naturaleza.


MONSTRUOS Y CUENTOS DE HADAS: “EL CEBO”

Pasaron más de 25 años hasta que el internacional Ladislao Vajda diese a conocer una de las co-producciones españolas más interesantes e injustamente olvidadas de nuestra historia: El cebo (1958). Muy semejante en su concepción a M, esta película sigue los pasos de un misterioso asesino de niños que tiene un curioso parecido con el personaje de Norman Bates en Psicosis: un hombre de mediana edad que vive bajo el yugo de su cruel madre. En esta inquietante relectura del mito de Frankenstein, la criatura también carece de nombre y su identidad solo se va desvelando a través del dibujo de una niña que lo ha visto, en un encuentro similar a la clásica escena de la novela de Shelley y de la película homónima de 1931. Las metáforas que van surgiendo en torno al dibujo ofrecen a la película un sabor a “cuento de hadas” ya que la niña no ve en la peligrosa figura a un monstruo, como la sociedad acusa, sino un “gigante” que le regala “erizos” y hace magia.

Así, esta historia de un asesino en serie visto desde los ojos inocentes de una niña, enmascara con ternura y humanismo lo que en realidad es una historia terrible, tal y como ocurría en la novela de Mary Shelley.


 LA FEALDAD DEL MONSTRUO, EL RECHAZO DEL HOMBRE: “FREAKS”

Otra temprana lectura cinematográfica de Frankenstein llevada a cabo por un director de otros clásicos del terror, como Drácula (1931):


Las siniestras deformidades de los protagonistas de Freaks, la parada de los monstruos (Tod Browning, 1932) son cruciales para entender la enseñanza en clave alegórica que encierra la película: la bella (Cleopatra) es aceptada por los habitantes deformes del circo (los monstruos), que resultan ser seres sociales y amistosos. Sin embargo es el rechazo, la aversión y la humillación que profiere Cleopatra hacia ellos lo que los vuelve crueles y salvajes, precipitando así el monstruoso final en forma de justicia poética: Cleopatra es convertida en “uno de ellos”, exteriorizándose literalmente su verdadero y monstruoso interior.


EL MONSTRUO Y LA SOCIEDAD: “EL ESPÍRITU DE LA COLMENA”

Y para terminar, uno de los acercamientos más poderosos y alegóricos a la simbología de la criatura que se ha llevado a la gran pantalla viene de manos de uno de los mejores directores de la historia del cine español: Víctor Érice.

En una época de profundos cambios (el fin de la guerra civil española) en una tierra árida y lánguida comienza a verse cómo se ha fraguado ya el engranaje hexagonal y perfectamente encajado de una sociedad a la que metafóricamente se compara con una colmena.

Se trata de una preciosa y pausada parábola sobre el bien y el mal, lo real y lo imaginado o, como sugiere la música que la acompaña, la verdad y la mentira (“ahora que vamos despacio…”). Todo ello relacionado con el marco histórico: el triunfo del franquismo y de su nueva sociedad en la que todo aquel que no encaja, ha de ser eliminado.

Tras las hexagonales ventanas de la casa, junto con ese tono amarillo miel, se encuentra la familia protagonista. En ella, Ana, turbada por las imágenes de la película Frankenstein (1931) que acaba de ver en el cine junto a su hermana, comienza a preguntarse sobre diversos temas que la sociedad convertiría en tabúes. Así, como las niñas de El Cebo, dará con un peligroso criminal (cuyo “crimen”, en este caso, se desconoce), y se sentirá atraída por la magia que éste le ofrece, como la niña de la película se siente atraída por Frankenstein que, por su inocencia, aún no ve lo que la sociedad (o la colmena) en él proyecta.

Un elemento clave a la hora de entender la película son los ojos que Ana coloca alegóricamente sobre el cuerpo hecho de retales (¿Frankenstein?) que hay en la escuela. El recurso de la multitud de puntos de vista, explorado en la película de Érice, está insertado en el corazón mismo del mito de la criatura.


El monstruo es un misterio. Su visión cambia en función de quién lo ve, por ello se dice que es el reflejo mismo sociedad o del individuo, que proyecta en la criatura su retorcido mundo interior. Otro gran relato de la historia de la literatura exploraría esto: la humanidad, creadora y perseguidora de monstruos: Moby Dick. Pero esta ya es otra historia…

miércoles, 13 de febrero de 2013

Cine en páginas: vol. 3 y 4

Retomo la serie iniciada hace dos años pero no continuada hasta la fecha de libros sobre cine con dos títulos interesantísimos e indispensables para todo buen amante del cine.

EL CINE SEGÚN HITCHCOCK
Autor: François Truffaut
Editorial: Alianza

Maravillosa conversación entre dos titanes del séptimo arte: Truffaut versus Hitchcock en un duelo dialéctico cargado de anécdotas, curiosidades, puntos de vista, memorabilia... que dio como resultado uno de los libros sobre cine más vendidos de la historia. Divertido y ágil de leer, es una muy buena forma de acercarse al mundo del director británico, ahora que está tan de moda tras el estreno de la película que lleva su nombre, interpretada por el siempre genial Anthony Hopkins (curiosamente llamado A.H.).


ESCULPIR EN EL TIEMPO
Autor: Andrei Tarkovski
Editorial: Rialp

Otro best seller escrito por otro icono del cine, ruso en este caso: Andrei Tarkovski. Y, al igual que su cine, su libro trata cuestiones existenciales que traspasan el cine, la pintura, la literatura y el arte en general.
Un ejercicio de libertad creativa y filosofía reflexiva, maravillosamente narrado y explicado que ayuda a entender mejor el abstracto aunque fantástico cine de su autor.