martes, 14 de mayo de 2013

10 Reseñas: Mayo 2013


HITCHCOCK (Sacha Gervasi, 2012)
No es una gran película ni pasará a la historia, pero si es un simpático y emotivo guiño a la figura del director. Como fiel seguidor del maestro del suspense, nunca me sentí defraudado al ver esta cinta.
Su carisma reside en la humildad del retrato de Hitchcock y lo absolutamente sublime de su interpretación por un Anthony Hopkins irreconocible. Cargada de anécdotas y llena del célebre humor del director que, con el doblaje, muchas de sus bromas se disolvieron.
Divertida y simpática.
***

EL CAZADOR (Michael Cimino, 1978)
El gran tratado sobre la amistad y la guerra que quedó sellado para siempre con la magistral escena de la ruleta rusa. Un onírico sentimiento que más de uno ha tenido, al ver transformado por completo a la persona a quien bien creía conocer.
Ideologías y sentimientos llevados al extremo.
Un día escribiré un artículo donde exponga el lugar privilegiado que tiene la palabra “caza” en el mundo del cine…
****1/2

LAS TORTUGAS TAMBIÉN VUELAN (Bahman Ghobadi, 2004)
Tierna y, a la vez, desgarradora historia sobre los verdaderos afectados de la guerra: los niños. Si bien aparecen adultos, se podría decir que el reparto está integrado exclusivamente por niños. Así se les dibuja ejerciendo labores de adultos (como proveer productos o cuidar otros niños), mientras que a los adultos se les ve ociosos y, simbólicamente, como meros espectadores de su propio juego.
Dura, pero genial. Pese a lo brutal de su tesis, en ella sigue cabiendo esperanza y fe en el género humano.
Se alzó con la concha de oro en San Sebastián en 2004.
****

SILENCIO ROTO (Montxo Armendáriz, 2001)
Montxo Armendáriz en uno de sus mejores momentos, narra una historia de amor en plena postguerra. La desolación de los personajes se comunica con la desolación del paisaje, frío y húmedo característico de las montañas del norte de Navarra. Naturalista y hermética, Silencio Roto es una de esas pocas películas que aún caen en blando en el ya atiborrado y engordado género de la Guerra Civil española.
***1/2


LA HIJA DE RYAN (David Lean, 1970)
Una de esas largas películas de David Lean que, como Doctor Zhivago, pueden hacer de las tardes de los domingos ratos inolvidables. Personajes humanizados y ambiguos y las playas como testigos silenciosos de un comprometido triángulo amoroso.
Uno de llamados últimos clásicos, un relato complejo con un punto de partida aparentemente sencillo: el cuerpo y la mente de una chica joven, en plena efervescencia, en una sociedad dogmática y opresiva. Este cambio brusco de matices son recogidos sensacionalmente por la cámara de Lean, que los retrata en perfecta armonía, como si de un cuadro se tratase.
*****

SUMMER WARS (Mamoru Hosoda, 2009)
Clásico moderno del anime de ciencia ficción. Una mezcla extraña y curiosa de cine adolescente y ciencia ficción que trata un tema que más tarde haría popular a la serie de televisión Black Mirror: el pujarte y amenazante avance de las nuevas tecnologías en nuestra sociedad, aparentemente segura y bien estructurada.
De imprescindible visionado para todo el amante del género. Se alzó con el premio al mejor largometraje animado en el festival de Sitges en 2009.
***1/2

PERSIGUIENDO A AMY (Kevin Smith, 1997)
Entre toda la filmografía de Kevin Smith destacaría Chasing Amy. Una lúcida comedia (recordemos que éste es un género débil, no hay muchas comedias buenas) sobre la amistad y las relaciones de pareja con muchos chistes, muchas palabrotas (al estilo americano) y, sobre todo, mucha transgresión en temas que, por aquel entonces, finales de los 90, aún constituían verdaderos tabúes en la televisión y el cine americano.
Muy divertida.
***1/2

UN DIOS SALVAJE (Roman Polanski, 2009)
Una película que todos los padres deberían de ver. El argumento es sencillo: dos matrimonios se reúnen para charlar sobre la pelea que han tenido sus hijos recientemente. Siguiendo el estilo de Polanski, irónico y cruel a partes iguales, los padres acaban quitándose las máscaras y mostrando que tienen el mismo problema entre ellos que sus propios hijos. Una fábula magistral sobre el comportamiento del ser humano y de las familias, y que hace una lectura a la inversa del refrán “de tal palo, tal astilla”.
***

ARRUGAS (Igancio Ferreras, 2011)
Simpática (y durísima) adaptación del cómic homónimo. Una animación sencilla en Flash que alberga una historia compleja y brutal sobre la ancianidad y el desamparo. Sin duda de lo mejorcito del género… hasta que llegó Michael Haneke con su “Amor”.
Pese a todo, esta divertida cinta nunca pierde el sentido del humor que traspasa la convención del chiste fácil para trasgredir con los estereotipos y engatusar con el clásico sabor del realismo mágico (atentos a la escena de la mujer que viaja en el Orient Express).
****1/2

ARGO (Ben Affleck, 2012)
La última película de Ben Affleck, una figura que recibe más críticas positivas por su faceta de director que por la de actor. Esta vez se alzó en los oscar con el premio más importante de todo el palmarés: la mejor película, “entregado” por Michelle Obama.
Pero vayamos con calma: la trepidante y frenética historia, en parte debido al mérito del montaje, se vende sola en los mercados americanos. Su historia y el ritmo es precisamente el propio del cine americano moderno, todo en su justa medida e, incluso, se permite alguna crítica al gobierno del tío Sam. En efecto, este es un gran punto para comprender que debajo de todas esas toneladas de acción y suspense brutal sabor cien por cine americano, quizás haya cabida para la subversión y crítica del sistema. O puede que no.
En definitiva: una película muy entretenida que coge lo mejor del género y lo combina hábilmente para, así, llevarse merecidamente su recompensa final: el premio a la mejor película. Y apunto: los oscar no son Cannes, gracias a Alá.
***1/2





jueves, 14 de marzo de 2013

Sympathy for the creature


DE LA LITERATURA AL CINE

Frankenstein es una de las obras cumbre de la literatura gótica inglesa, y también es una de las más estudiadas y adaptadas. En sus diversos enfoques ha demostrado su profundidad la cual ha traspasado años, escenarios, temas y personajes.


En la historia que nos ocupa, Víctor Frankenstein es un científico que desafía a toda convención natural y crea él solo (y simbólicamente sin una figura femenina) a un ser viviente uniendo distintos trozos de cadáveres humanos. Hombre de ciencias y de la ilustración (época en la que se escribió y publicó el libro) Víctor recibe un duro golpe a su orgullo cuando se percata de lo horrendo de su creación; es entonces cuando lo desprecia sin medir bien las consecuencias de tal acto. Pero ya es demasiado tarde: el monstruo ha sido creado y, como todo ser humano, va adquiriendo cualidades humanas como la necesidad de vivir en sociedad y sentimientos como el cariño y la amistad. Finalmente, en su mensaje irónico y cruel, el desprecio que encuentra en la sociedad hace que se nutra de otros sentimientos igualmente humanos como el odio o la venganza.

Y es así cómo sintiéndose solitario en un mundo que le da la espalda comete el más horrendo de los crímenes: matar a un niño.

Aún así el monstruo logra hablar con su creador y, dirigiéndose a él desde la razón, hace que éste y todos los lectores sientan momentáneamente compasión por él. Aquél que no tiene nombre, cuya creación ha sido en sí una violación de toda norma natural, se defiende diciendo que él al principio era bueno, pero fue la sociedad la que le empujó al mal.

Esta escena ha sido revisada por cineastas en multitud de ocasiones. El monstruo no es malo, la sociedad lo es, que ha sido la que lo ha creado y la que, después de todo, lo ha repudiado. Esto no solo ocurría en la sociedad de Shelley sino que, además, se ha ido perpetuando con el tiempo hasta nuestros días, y el cine sigue recogiendo el mensaje aún actualizado de la escritora inglesa.


APOLOGÍA DEL MONSTRUO: “M”

En 1931 otro visionario europeo (esta vez alemán) creó una de las obras cumbre del recién nacido cine sonoro que se adelantaría a todo acontecimiento científico. En su película M, el vampiro de Düsseldorf, Fritz Lang seguía los pasos de otro monstruo: el de un asesino de niñas al cual la policía busca desesperadamente. Como no se conoce su nombre (como en el caso de Frankenstein) se le llama de muchas formas (monstruo, criminal, diablo…) y finalmente se le etiqueta con una “M” de “Mörder” (Asesino). El asesino es mudo durante toda la película pero, al fin, como la criatura de Shelley, consigue defenderse ante un tribunal utilizando unas palabras hasta la fecha inauditas: en el tiempo en el que se estrenó la cinta la ciencia aún no había avanzado lo suficiente para declarar a un criminal “enfermo mental”, y esas son precisamente las palabras que él utiliza para exculparse entre una multitud que espera impaciente para lincharlo.

Peter Lorre, estupendo en el papel que le serviría de trampolín para su carrera, solo consigue articular unas pocas palabras entre sollozo y sollozo de desesperación: “tengo que circular por las calles, huyendo continuamente, hay alguien que me persigue… ¡Y soy yo mismo, me persigo! Quiero escapar de mí mismo”. Retomando la novela de Shelley, Victor persigue a Frankenstein por los fríos y recónditos parajes del polo norte. Allí se recrea una curiosa lectura alegórica de la novela: creador y criatura se persiguen, pero son la misma persona: Víctor no solo ha viajado tras la criatura, sino también en busca de sí mismo. De este modo, sus destinos y sus muertes están ligadas y son paralelas y, curiosamente, sus nombres se confundirían con el paso del tiempo: Frankenstein ¿creador o ser creado? Esta historia de desdoblamiento de la identidad no es original, ni muchísimo menos, en la historia de la literatura, pero inyecta a la novela de Shelley y a la película de Lang un toque de locura que, en el segundo caso, se atribuye a la enfermedad del criminal y, en el primero, a su ansia megalómana por entender el orden de la naturaleza.


MONSTRUOS Y CUENTOS DE HADAS: “EL CEBO”

Pasaron más de 25 años hasta que el internacional Ladislao Vajda diese a conocer una de las co-producciones españolas más interesantes e injustamente olvidadas de nuestra historia: El cebo (1958). Muy semejante en su concepción a M, esta película sigue los pasos de un misterioso asesino de niños que tiene un curioso parecido con el personaje de Norman Bates en Psicosis: un hombre de mediana edad que vive bajo el yugo de su cruel madre. En esta inquietante relectura del mito de Frankenstein, la criatura también carece de nombre y su identidad solo se va desvelando a través del dibujo de una niña que lo ha visto, en un encuentro similar a la clásica escena de la novela de Shelley y de la película homónima de 1931. Las metáforas que van surgiendo en torno al dibujo ofrecen a la película un sabor a “cuento de hadas” ya que la niña no ve en la peligrosa figura a un monstruo, como la sociedad acusa, sino un “gigante” que le regala “erizos” y hace magia.

Así, esta historia de un asesino en serie visto desde los ojos inocentes de una niña, enmascara con ternura y humanismo lo que en realidad es una historia terrible, tal y como ocurría en la novela de Mary Shelley.


 LA FEALDAD DEL MONSTRUO, EL RECHAZO DEL HOMBRE: “FREAKS”

Otra temprana lectura cinematográfica de Frankenstein llevada a cabo por un director de otros clásicos del terror, como Drácula (1931):


Las siniestras deformidades de los protagonistas de Freaks, la parada de los monstruos (Tod Browning, 1932) son cruciales para entender la enseñanza en clave alegórica que encierra la película: la bella (Cleopatra) es aceptada por los habitantes deformes del circo (los monstruos), que resultan ser seres sociales y amistosos. Sin embargo es el rechazo, la aversión y la humillación que profiere Cleopatra hacia ellos lo que los vuelve crueles y salvajes, precipitando así el monstruoso final en forma de justicia poética: Cleopatra es convertida en “uno de ellos”, exteriorizándose literalmente su verdadero y monstruoso interior.


EL MONSTRUO Y LA SOCIEDAD: “EL ESPÍRITU DE LA COLMENA”

Y para terminar, uno de los acercamientos más poderosos y alegóricos a la simbología de la criatura que se ha llevado a la gran pantalla viene de manos de uno de los mejores directores de la historia del cine español: Víctor Érice.

En una época de profundos cambios (el fin de la guerra civil española) en una tierra árida y lánguida comienza a verse cómo se ha fraguado ya el engranaje hexagonal y perfectamente encajado de una sociedad a la que metafóricamente se compara con una colmena.

Se trata de una preciosa y pausada parábola sobre el bien y el mal, lo real y lo imaginado o, como sugiere la música que la acompaña, la verdad y la mentira (“ahora que vamos despacio…”). Todo ello relacionado con el marco histórico: el triunfo del franquismo y de su nueva sociedad en la que todo aquel que no encaja, ha de ser eliminado.

Tras las hexagonales ventanas de la casa, junto con ese tono amarillo miel, se encuentra la familia protagonista. En ella, Ana, turbada por las imágenes de la película Frankenstein (1931) que acaba de ver en el cine junto a su hermana, comienza a preguntarse sobre diversos temas que la sociedad convertiría en tabúes. Así, como las niñas de El Cebo, dará con un peligroso criminal (cuyo “crimen”, en este caso, se desconoce), y se sentirá atraída por la magia que éste le ofrece, como la niña de la película se siente atraída por Frankenstein que, por su inocencia, aún no ve lo que la sociedad (o la colmena) en él proyecta.

Un elemento clave a la hora de entender la película son los ojos que Ana coloca alegóricamente sobre el cuerpo hecho de retales (¿Frankenstein?) que hay en la escuela. El recurso de la multitud de puntos de vista, explorado en la película de Érice, está insertado en el corazón mismo del mito de la criatura.


El monstruo es un misterio. Su visión cambia en función de quién lo ve, por ello se dice que es el reflejo mismo sociedad o del individuo, que proyecta en la criatura su retorcido mundo interior. Otro gran relato de la historia de la literatura exploraría esto: la humanidad, creadora y perseguidora de monstruos: Moby Dick. Pero esta ya es otra historia…

miércoles, 13 de febrero de 2013

Cine en páginas: vol. 3 y 4

Retomo la serie iniciada hace dos años pero no continuada hasta la fecha de libros sobre cine con dos títulos interesantísimos e indispensables para todo buen amante del cine.

EL CINE SEGÚN HITCHCOCK
Autor: François Truffaut
Editorial: Alianza

Maravillosa conversación entre dos titanes del séptimo arte: Truffaut versus Hitchcock en un duelo dialéctico cargado de anécdotas, curiosidades, puntos de vista, memorabilia... que dio como resultado uno de los libros sobre cine más vendidos de la historia. Divertido y ágil de leer, es una muy buena forma de acercarse al mundo del director británico, ahora que está tan de moda tras el estreno de la película que lleva su nombre, interpretada por el siempre genial Anthony Hopkins (curiosamente llamado A.H.).


ESCULPIR EN EL TIEMPO
Autor: Andrei Tarkovski
Editorial: Rialp

Otro best seller escrito por otro icono del cine, ruso en este caso: Andrei Tarkovski. Y, al igual que su cine, su libro trata cuestiones existenciales que traspasan el cine, la pintura, la literatura y el arte en general.
Un ejercicio de libertad creativa y filosofía reflexiva, maravillosamente narrado y explicado que ayuda a entender mejor el abstracto aunque fantástico cine de su autor.

domingo, 6 de enero de 2013

Estudios Pixar


Estos estudios norteamericanos han contado desde el principio de su recorrido con una personalidad característica impresa en cada una de sus producciones. Han mezclado historias ya contadas y reinventadas con otras más modernas e innovadoras y han dado al cine de animación un soplo de aire moderno, juvenil y desenfadado. Gracias a sus ingeniosos guiones, sus cuidadas producciones no solo son disfrutadas por niños sino también por adolescentes y adultos.


TOY STORY (1995)
Toy Story tiene el honor de ser el primer largometraje comercial totalmente animado por ordenador. Fue la primera obra de la productora y pionera en la fórmula que les llevaría a la fama y, con todo, se convirtió en un clásico instantáneo. Sus personajes, su humor fresco y vivaz, la originalidad de sacar historias de donde nadie se las imagina, su banda sonora… todo esto contribuyó a renovar el imaginario de animación del séptimo arte y fue un grandísimo pistoletazo de salida para una productora que aún tenía mucho que ofrecer.

BICHOS, UNA AVENTURA EN MINIATURA (1998)
El segundo largometraje de la productora tuvo que esperar otros tres años para salir a la luz, pero el resultado no decepcionó. Bichos recalcó el interés de la productora en transmitir sanos valores a los niños de todo el mundo con una fábula sobre cómo cualquier individuo, por muy pequeño que parezca, puede llegar a jugar un gran papel en la sociedad.
Ese mismo año  Dreamworks lanzaría Antz, una película comprometidamente similar a la de Pixar. Solo el tiempo dejó claro que aquello se trataba de una coincidencia. La que fuese la compañía de Spielberg no siguió los pasos de Pixar y continuó por su propio camino.

TOY STORY 2 (1999)
Cuando se anuncia una segunda parte  lo lógico es echarse a temblar. ¿Falta de nuevas ideas? ¿Falta de presupuesto?... Pero Toy Story 2 supo estar a la altura después de todo. Violar un clásico es un acto inaceptable, pero la historia de los juguetes daba mucho juego para dejarlo solo en 90 minutos y los productores decidieron dar un paso más, un enemigo aún más poderoso: un compulsivo coleccionista de juguetes.

MONSTERS, INC (2001)
De nuevo otra fábula con un original y profundo mensaje.
Monstruos S.A. es una historia de terror absurdo y sobre cómo una niña se cuela en el mundo de los monstruos y sus empresas… La película se promocionó desde lo espectacular de su animación (los pelos de los monstruos se animaron uno por uno).

BUSCANDO A NEMO (2003)
Resulta difícil pensar en aventuras marinas y en dibujos animados y no hacer mención a La Sirenita, el clásico de Disney. Para muchos Buscando a Nemo ya ha pasado a ser un clásico, pero nada tiene que ver con la anterior. Miles de especies de peces, nuevos retos en la animación y una brillantísima comedia sobre un padre en busca de su hijo.
En esta película los estudios comenzaron su ya recurrente costumbre de incluir referencias de sus otras películas. Por ejemplo, en la sala de espera de la consulta odontológica se pueden ver algunos juguetes: Buzz Lightyear y la famosa pelota con la estrella en el centro de Pixar. No exentas de mención están las alusiones que se hacen a dos de las mejores películas de Hitchcock: Piscosis y Los Pájaros.

LOS INCREÍBLES (2004)
Nada más estrenar esta película, muchos críticos afirmaron jubilosos que acababan de ver la mejor producción de Pixar hasta la fecha, y si bien pudiese ser cierto, igualmente resulta difícil afirmar esto pues Los Increíbles es un eslabón más de una cadena de piedras preciosas a cual más sorprendente y magníficamente elaborada.
En esta ocasión, la temática es sencilla: superhéroes. A partir de aquí, comienza de nuevo la originalidad en el enfoque del tema y la trama: ¿Qué ocurriría si los superhéroes fuesen enemigos de la sociedad? ¿Qué ocurriría si fuesen nuestros vecinos? ¿Qué ocurriría si tuviesen hijos?...

CARS (2006)
A comienzos del 2006, Disney compró Pixar por 7.400 millones de dólares, muy posiblemente porque la ya veterana productora necesitaba sangre fresca para rejuvenecer sus ya viejas y manidas ideas.
Cars fue la primera película en estrenarse siendo ya Pixar subsidiaria de Disney y, junto con Ratatouille (2007) y las que más tarde vendrían, quedó claro que Pixar no perdería ni autonomía ni personalidad en sus obras tras la transacción.
Cars es una brillante historia de coches de carrera y, aprovechando el tirón del momento, los afamados pilotos Schumacher y Fernando Alonso hicieron su cameo en la película.

RATATOUILLE (2007)
Esta vez viajamos a Francia de la mano de Pixar y sus divertidos personajes en una historia entrañable y de buen gusto. Ratatouille sigue el modelo de clásicos como “La Sirenita” intentando romper las barreras existentes entre dos mundos totalmente diferentes con bellas retahílas como “cualquiera puede cocinar” que esconden mensajes de más profundidad: “nunca digas nunca”, “el más pequeño puede convertirse en el más grande”, etc.
Atención al fenomenal personaje del crítico de cocina. Todo en él recuerda a la muerte: su despacho a un ataúd, su máquina de escribir a una calavera…

WALL-E (2008)
Tierna y brillante producción de los estudios. Un acierto y uno de los picos, sin lugar a dudas, de su filmografía.
Su grandeza reside en lo más básico del cine: la imagen; en cómo con pocas palabras y gestos de seres no-humanos (robots) se puede contar una historia tan conmovedora. En lo extraordinario de su relato, los viajes espaciales, los astros y planetas son una metáfora de esta historia de amistad y amor.
Por otro lado, Pixar, que siempre se ha interesado por la recuperación de argumentos universales, hace referencia a dos robots en una Tierra despoblada. En primer lugar, a Wall-E, un solitario y viejo robot que sueña despierto mirando las estrellas hasta que llega un moderno robot, claramente chica, y con el nombre de “Eva”.
Como curiosidad añadir que hubo quien vio en la extraña pareja una sutil parodia a los sistemas informáticos: PC (Wall-E) y Mac (Eva).

UP (2009)
Cuidadísima producción de Pixar y un pico más para su filmografía. De nuevo en ésta se hace un homenaje, como podría ocurrir en la anterior, al cine mudo. Inigualable en su primera hora que asciende palpitante, sin necesidad de globos, los cuales por cierto se deshinchan un poquito (es inevitable) en la segunda hora. Aún así Up se alza entre las mejores obras de los estudios. Su imaginación y originalidad superan al resto, el ataque mordaz a la sociedad actual, la mezcla de humor y sentimentalismo reflejado en los personajes, que representan la juventud y la vejez.

TOY STORY 3 (2010)
Para muchos innecesaria, para otros necesaria y prueba superada: una trilogía con un emocionante final y la más taquillera de todas las películas Pixar hasta la fecha. Los juguetes vuelven a la carga con una historia que supera en acción y bromas a sus precesoras.
En esta parte y una vez más se superan con el malo malísimo: mientras que en las dos primeras eran un niño malo y un coleccionista de juguetes, en esta se trata de un osito rosa (chico) y aparentemente adorable. Y esto en un ambiente muy hostil: una guardería.
Hay un bonito homenaje de los estudios Pixar al estudio de animación japonés Ghibli cuando, entre los juguetes de la guardería, aparece un Totoro.

CARS 2 (2011)
Cars fue la segunda película de Pixar en tener secuela. Su creador y director, John Lasseter, una de las cabezas pensantes y visibles de la productora, escribió el guión mientras viajaba por todo el mundo promocionando la película original. Así, la película surgió como respuesta a la pregunta de Lasseter ¿Qué situaciones se encontrarían los coches si viajasen por todo el mundo?
Hasta ahora no hemos hablado de técnicas prácticamente nada, pero lo cierto es que Pixar creó y desarrolló tecnología durante cada una de sus películas que sirvió para mejorar la siguiente, amén de cintas ajenas al estudio. Cada genialidad de la animación (como los globos de Up, la velocidad de los coches en Cars, los pelos de los monstruos en Monstruos S.A., la textura de los juguetes en Toy Story, etc) es fruto del trabajo infatigable de animadores e ingenieros.

BRAVE (2012)
Desde Pixar se ha seguido buscando afanosamente cuentos que contar: algunos sacados de mundos clásicos y otros cuentos sacados de mundos más modernos. Esta historia con sabor a cuento medieval vikingo pertenece al primer grupo. Sin llegar a ser rompedora, Pixar pone de nuevo sobre el tapete su mejor artillería: una gran historia sin un minuto desaprovechado. Acertada música, buenos gráficos y unos divertidos personajes en una historia que bebe de muchos clásicos del género tan manido ya en cine y literatura. Una película sobre mundos mágicos y encantamientos.

EL FUTURO...
Quién sabe lo que depara el futuro. Pixar ha demostrado que es tan buena creando modernos clásicos como sus segundas partes. No obstante ya se barajan dos más: la secuela de Buscando a Nemo y la precuela de Monstruos S.A. 

jueves, 15 de noviembre de 2012

El caso Almería y El crímen de Cuenca

Algunas de las películas más conflictivas de los primeros años de la democracia en España fueron estas dos cintas de aspecto austero y realista. Ya en su día, cada uno de los dos casos dieron que hablar en la sociedad y durante su estreno y después fueron criticadas por algunos sectores.

Lo extraordinario de estas obras residen no solo en el delicado tema que tratan (la brutalidad policial, el abuso de poder y la sed de venganza) sino que, además, fueron casos reales.

Tratando los mismos temas, cada una de las películas cuenta con un acercamiento diferente. Empezando por la fotografía. Mientras que El caso Almería tiene con una dirección artística y una fotografía más propia de una barata producción televisiva (pese al notable reparto), El crimen de Cuenca hace gala de una plasticidad más propia de lo que pretende contar: una caso que se convirtió en leyenda, en cuento viejo que corría de pueblo en pueblo y que se contaba para ponerle los pelos de punta a quien quisiese escuchar.


Por otro lado, El caso Almería tiene un acercamiento más sutil al tema que refiere a las fuerzas del orden. La brutal paliza, el asesinato y el ensañamiento de los supuestos etarras por parte de la Guardia Civil es omitido, haciéndose hincapié la parte más amable: el incansable e insobornable abogado (Agustín González) que está decidido a ir a por los culpables. En esta cinta, Pedro Costa deja patente en multitud de ocasiones su intención de denunciar un hecho, y no un cuerpo del estado. Esto se ve claro, por ejemplo, durante el juicio cuando el abogado hace quitarse la ropa oficial a los acusados. Volviendo al comienzo del párrafo y por muy horrendo y sangriento que fuese el crimen perpetrado, Costa suprime esa parte del guión, dejando todo el peso sobre la palabra.

Muy distinto obró Pilar Miró, que muestra una cinta tal y como ella es: recta y cortante. En El crimen de Cuenca no se omite detalle. Se pretende mostrar la precariedad en la que viven los personajes y, por supuesto, las injusticias que padecen a manos de la Guardia Civil y el resto de los pueblerinos. Aquí no ocurre como en El Caso Almería, esto es, no existe un intento de dejar claro que a quien se juzga es al individuo, y no al colectivo. Y fuera como fuere, la película no se libró de numerosas críticas que denunciaban la supuesta gratuidad de las imágenes de tortura.

La conclusión de cada obra es crucial. En el caso de El crímen de Cuenca, el final da un sentido a toda la película, ayudándola a cumplir lo prometido en el prólogo, cuando un ciego viene a contarnos una historia extraordinaria, sórdida y extraña. Por otro lado El caso Almería se muestra como la lucha de un hombre por conseguir justicia y narrar fielmente los hechos que rodearon la investigación y los juicios de tal historia.

Ambas películas, pese a lo duro de lo que narran, son incontestables y muy recomendables.

jueves, 4 de octubre de 2012

Mis joyas del Cine Mudo (V): El Chico


La imagen que me viene a la cabeza cuando pienso en esta película de Charles Chaplin de 1921 es, sin lugar a dudas, la de mis alumnos de Irlanda en Mayo de 2009. Un grupo de niños y niñas de entre 10 y 12 años de un colegio rural de un pueblo de Carlow que no pestañeaban y miraban, embobados, la proyección.

Rieron y alguno hasta lloró. Y cuando terminó me pidieron que la volviese a proyectar. Jamás llegué a imaginar, por aquel entonces, los resultados tan exitosos de este "experimento". Y es que el cine mudo es, al fin y al cabo, el origen de todo, el inicio, la infancia de un arte que ha llegado, sigue llegando y llegará a personas de todas las edades.

martes, 11 de septiembre de 2012

KINO-OJO: LA BALADA DE NARAYAMA (Shohei Imamura, 1983)


La balada de Narayama, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes en 1983 es una película que va desde el realismo social a la fantasía y la mitología de las culturas orientales. De hecho, más que como un drama social, la película empieza como un cuento: la cámara recorre los paisajes helados que rodean el Narayama: el personaje silente de esta obra maestra del cine japonés.

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La historia gira en torno a una canción que cuenta que en la cumbre del Narayama los dioses se aparecen cuando nieva para llevarse con ellos a los ancianos que allí son abandonados por sus propios hijos para tal fin. Una antigua y fuerte tradición sostiene que, cuando los viejos van perdiendo los dientes, estos han de ser llevados por sus propios hijos a lo alto del Narayama para que el dios de la montaña, a quien veneran, se los lleve.

Este inocente aunque cruel relato se combina en la película con un realismo patente: una sociedad sustentada en economías muy precarias, donde una boca más que alimentar desequilibraría la frágil estructura de planificación familiar a la cual están sujetos cada uno de los personajes de este relato. No obstante, la doble moral de esto se manifiesta enseguida en la cinta de Imamura con las múltiples escenas en las que los personajes fornican unos con otros, o en una en la que encuentran a un recién nacido muerto, abandonado junto a un arrozal.
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En medio de este debate moral se encuentra Orin, la matriarca de una familia cuyo día a día se narra durante la primera mitad de esta película. Habiendo cumplido los 69 años, ésta siente vergüenza por su salud de hierro. El personaje de Orín es fundamental para comprender la problemática de una sociedad en la que la planificación familiar es crucial: mientras los hermanos discuten sobre quién de ellos ha de tener hijos, la anciana sufre en silencio pues, con ella, sus hijos aún tardarán en traer más descendientes.

Para acelerar su simbólico ascenso a las cumbres heladas del Narayama, Orin se parte los dientes contra una piedra. Su misión es clara: dejar lugar a las nuevas generaciones.
La sociedad que en esta película narra es compleja y la moral oscura y adulterada. Todo se rige, como se muestra, no solo por la necesidad y el instinto de supervivencia, sino por los ritos, los cultos, las creencias y las supersticiones, lo que otorga a la cinta un nivel aún más grande de tensión. La sociedad aquí es patriarcal y de descendencia directa masculina, con lo cual muchas mujeres sobran y algunos bebés son asesinados o abandonados a su suerte.

Por otro lado, la planificación familiar parece haber calado hondo en la mayoría de los personajes, que son conscientes de su responsabilidad, aunque muchos de ellos se dejan llevar por sus instintos manteniendo relaciones sexuales de forma continua, como la película demuestra de forma explícita en repetidas escenas. Además, dicha planificación resulta innatural y artificiosa, dando lugar a disputas entre hermanos por ver quién debe tener hijos, guerras y ajustes de cuentas entre diversas casas, etc.
Además, el aislamiento de la sociedad en la naturaleza hace que las familias parezcan gente primitiva y salvaje. El director se nutre aquí de paralelismos con la vida de los animales que allí viven para mostrar la cercanía de esos dos mundos, a veces solo distinguiéndose por valores como la dignidad y la humildad. Aún así la lejanía con todo tipo de sociedad civilizada hace que se dé carta blanca a la violencia y el asesinato así como al abandono de bebés y de los miembros más débiles de la familia como medida preventiva para los problemas también primitivos que sufren las familias: hambrunas y pobreza.

En el último cuarto de película se produce un cambio radical en la narrativa del film: aquí dejamos atrás todo lo que habíamos visto y debatido y nos disponemos a emprender el ascenso con el hijo y la madre a las cumbres de la montaña.

La película, que ya nos había presentado la ascensión como un rito, nos va a hacer partícipes de dicho evento. Aquí los dos protagonistas están en el punto de mira: sus sacrificios y la forma de enfrentarse a lo inevitable.
Imamura, presentando la degradación de unos personajes así como la bondad y la candidez de otros, se desmarca del terreno y queda como un mero narrador de un cuento frío, extraño y fascinante. El director rechaza todo deseo de explicar metáforas o posicionarse con los personajes. Se mantiene alejado, como todos nosotros. Pero es el temple narrativo y los personajes quienes harán que nos sumerjamos en una película de temática profunda.

La Balada De Narayama hizo con la Palma de Oro en el festival de Cannes de 1983 y se trata de un remake de una cinta igualmente destacable de 1958 de Keisuke Kinoshita.